La e-partitura también avanza

Edición Impresa

No es ninguna novedad el hecho de que las computadoras portátiles han revolucionado la vida cotidiana, y que el libro electrónico avanza sin pausa sobre el de papel. Pero sí lo es una noticia reciente, reproducida por varios medios europeos, que puede significar el principio de un cambio total en la vida de los músicos profesionales: la Orquesta Filarmónica de Bruselas probó la sustitución de música impresa por tablets en un concierto que tuvo lugar la semana pasada en la capital belga.

Con un repertorio integrado por obras de Maurice Ravel y Richard Wagner, la orquesta bajo la dirección de Michel Tabachnik dio comienzo a este concierto arrojando al aire las «particellas» (nombre que recibe la música impresa individual de cada instrumento) en un acto simbólico de un cambio que espera sea permanente, y que le significaría a la administración un ahorro anual de 25.000 euros en material musical. Las tablets cuentan con una aplicación llamada NeoScores, que permite al director hacer las anotaciones pertinentes en su partitura y que éstas aparezcan simultáneamente en las tablets de los músicos, lo cual ahorra tiempo, trabajo y malentendidos.

Gunther Broucke, administrador de la Filarmónica de Bruselas, explicó en declaraciones a la agencia AFP que en su visión «la música clásica también debe adaptarse a su tiempo. Desde hace siglos el funcionamiento de una orquesta no ha sufrido una evolución: los músicos usaron primero música manuscrita y más tarde música impresa, lo cual hace larga y compleja la preparación de un concierto». Pero, aclara Broucke, «aún queda trabajo por hacer antes de abandonar definitivamente el papel».

Por ahora la novedad plantea varios interrogantes, como la forma en que se implementaría el sistema y de qué manera se actualizaría la figura del archivista, encargado de preparar y distribuir la música en los atriles. Un aspecto importante a considerar es que, por ejemplo, en nuestro país las particellas de una misma obra son reutilizadas en cada versión, y las indicaciones del director de turno se van superponiendo a las anteriores (sin ir más lejos, la soprano wagneriana Linda Watson se sorprendía ante este diario de que se usara para su concierto de agosto en el Colón material con indicaciones de Erich Kleiber, de 1947). El sistema de archivos digitales permitiría, se intuye, que cada particella conservara los rastros de un director, sin superponerse con los anteriores y preservándolos al mismo tiempo como documento.

En el medio local, donde los reclamos salariales de los músicos están a la orden del día y los fondos destinados por organismos oficiales para las orquestas que dependen de ellos no siempre son suficientes, el remplazo de música impresa por tablets parece por ahora un sueño muy lejano.

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