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La educación, una cuestión política y moral

Carlos Tramutola, de la Fundación Cimientos, abrió interpelando a su auditorio: "¿Corresponde a las empresas hablar de educación? La respuesta es sí", y lo simplificó al decir: "Porque es una cuestión tanto práctica como moral", y evaluó que la dificultad para obtener mano de obra y nuevos talentos es consecuencia de los problemas de la educación.
Tramutola delineó ejes sobre cómo involucrarse: un plan educativo como política de Estado, mejorar la formación docente y liderazgos políticos para propiciar el cambio. En ese sentido reclamó a los candidatos presidenciales un debate específico sobre esta área.
A los empresarios los invitó a vivir una "indagación inteligente" en donde en lugar de sentir frustración o vergüenza porque el país perdió lugares en los rankings mundiales de calidad educativa, tomen el timón y pongan manos en acción.
Gustavo Iaies, presidente de la fundación CEPP, arrancó con una estadística dura para graficar el momento actual: en 2012 ingresaron al jardín de infantes 760 mil alumnos y en la secundaria egresaron 340 mil. "El problema es claro, no se aprende y los alumnos se nos caen", alertó.
Por su parte, Axel Rivas, investigador principal del CIPPEC, propuso que se debe mejorar la calidad y cambiar el sistema a la vez, y citó como ejemplos a Brasil y a Chile y explicó cómo lograron ese cambio.
El exministro de Educación Juan José Llach reiteró que el problema de la educación "es de todos", pero también reclamó no dramatizar en exceso porque se trata de una problemática global. En esa línea recordó que la educación no es "todopoderosa", sino que tiene que estar ligada a un sendero de progreso y subrayó que en la Argentina hay ejemplos de cambios, tratando de bajar el tono apocalíptico.
Según Iaes, cuando un grupo de docentes fue consultado sobre cuál era su objetivo en la escuela la mayoría respondió: "Contener socialmente", y enseñar quedó en un segundo plano. "Allí hay otro problema", detectó y reclamó "redefinir el contrato".
Para afrontar esa situación la apuesta de Rivas es lograr mayor prestigio en la carrera docente mediante una combinación de mayor capacitación y salarios. En Chile -enumeró- se triplicaron los salarios, se crearon evaluaciones de conocimientos y en la carrera se generó un sistema de méritos e incentivos. "Todo con el consenso de los sindicatos", indicó.
Sobre la capacitación, Llach destacó que en Finlandia para ser maestro de grado o profesor hay que tener un máster. "Esto representa 8.100 horas de clase; en cambio, en la Argentina son 3.600 horas, de las cuales se deben cumplir 3.100", graficó.
Rivas fue categórico al mencionar que los cambios se logran "acompañados de un gran liderazgo". "Los jefes de Estado de Brasil y Chile se pusieron al frente de la reforma y hoy están con planes integrales a 10 años".
"El liderazgo político es determinante, pero es difícil encontrar un nuevo Sarmiento", resumió Llach y recordó que en los últimos años se gastó mucho en reformas, pero con efectos mínimos.
Sobre el final, se propuso crear un Ministerio del Educación que "tenga miedo no sólo a los sindicatos, sino también a las empresas", como una forma de involucramiento e interpelación a los políticos. De hecho, el ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich, en diálogo con Ámbito Biz reconoció que "falta mayor presión de la sociedad hacia los ministros. No siento presión para mejorar la calidad educativa".


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