29 de abril 2013 - 00:00

“La extraviada”, o las camelias en los talleres

Alejandro Viola: “He visto a más de una actriz revolearle un vestido por la cabeza a una pobre vestuarista. Eso aparece en mi obra. Por otro lado, es como si ellas se hubieran acostumbrado a la agresión”.
Alejandro Viola: “He visto a más de una actriz revolearle un vestido por la cabeza a una pobre vestuarista. Eso aparece en mi obra. Por otro lado, es como si ellas se hubieran acostumbrado a la agresión”.
El mundo sublime de la ópera -representado por "La traviata" de Giuseppe Verdi- se infiltra en el taller de vestuario de un teatro oficial, donde los conflictos laborales no impiden el surgimiento de un triángulo amoroso mientras, en el escenario, dos cantantes ensayan las principales arias de Violetta y Alfredo. Sobre esa base argumental discurre "La extraviada" (Sala Siranush, domingos a las 19), comedia con ribetes melodramáticos con Carlos Moreno, Alicia Muxo y Vivian el Jaber, entre otros.

Es la segunda obra que dirige Alejandro Viola fuera de "Los Amados", compañía que lidera desde 1989 y con la que le pone humor al cancionero romántico de América Latina.

Cuesta reconocer a Viola, sin el jopo "a lo Divito" y el bigote fino de su habitual alter ego: Alejo Chino Amado. Pero en breve, el actor y cantante encarnará a un nuevo personaje en el musical "La familia Addams", cuyo estreno está previsto para el 19 de junio. "Todos me preguntan si voy a hacer a Homero Addams, pero ese papel siempre estuvo en manos de Gabriel Goity. Julieta Díaz hará de Morticia y yo una pareja normal junto a Dolores Ocampo", dice.

Periodista: ¿Dejó el bolero por la música de Verdi?

Alejandro Viola
: Siempre me atrajo la música clásica. Las puestas de Los Amados tienen algo operístico, al punto de que Marcelo Lombardero, ex director artístico del Argentino de La Plata, me ofreció hacer alguna ópera, después de ver "Karabali, ensueño Lecuona". Hablamos de Offenbach, pero finalmente no encontré el momento para hacerlo. Después él se fue del Argentino y ya no pudo ser. Ahora me di el gusto de incluir pasajes de "La traviata". Este año se cumplen 160 años de su estreno y 200 del nacimiento de Verdi.

P.: ¿De qué trata "La extraviada"?

A.V.:
Son dos acciones simultáneas. Una transcurre en el escenario, donde dos cantantes líricos y un pianista ensayan distintas arias de "La traviata", basada en "La dama de las camelias". La otra tiene por protagonistas a dos empleadas que están haciendo el vestuario de "La traviata". Las dos cargan con vidas difíciles y nunca fueron efectivizadas. Una de ellas (Muxo) es soltera, vive con una tía y todos los días visita a su padre en un asilo. La otra (El Jaber) es viuda y tiene un hijo adolescente con problemas de drogas. Pero ninguna se victimiza. Pelean por el lugar de jefa, que quedó vacante luego de jubilarse la titular y están enamoradas del jefe de escenario, un chanta que pese a tener esposa, hija y nietos las seduce y las saca de su rutina.

P.: ¿Por qué eligió un taller de vestuario?

A.V.:
Trabajé en muchos teatros y siempre me llamó la atención ese mundo detrás de escena. Quise mostrar el profundo contraste entre un producto sublime y elevado que llega a escena y la lucha cotidiana que hay detrás, con sus rivalidades, celos y envidias.

P.: La gente de vestuario -incluidos los diseñadores- suele ser maltratada por los intérpretes.

A.V.:
He visto a más de una actriz revolearle un vestido por la cabeza a una pobre vestuarista. Eso aparece en mi obra. Por otro lado, es como si ellas se hubieran acostumbrado a la agresión. Yo he recibido por parte de vestuaristas un trato casi brutal. Me han dicho cosas terribles, cosas que matarían a un acomplejado y enfurecerían a alguien de mal carácter y que no le dirían a un actor famoso: "Che, tenés un hombro mucho más caído que el otro", o "te voy a bajar un poco el ruedo porque te hace joroba". Ellas no ven el maltrato, sólo que están ayudando a que uno se vea bien en el escenario. O tal vez esos comentarios sean simplemente la venganza de las vestuaristas.

P.: ¿Hay un paralelo entre el melodrama de Verdi y el de estas empleadas?

A.V.:
Hay un constante fluir entre uno y otro. Uno se conecta con Verdi y después recibe el cachetazo de la cotidianeidad. Siempre nos sorprende que exista tanta mezquindad en lugares dedicados al arte y la cultura. Lo que ocurre detrás de escena también es una especie de ópera. La obra empieza con humor, pero luego se va oscureciendo, cuando una de ellas cae en la locura. Entre tanto, dicen banalidades, ofrecen limpiar el aura o hablan de "seres de luz". Es la espiritualidad reducida a fórmulas superficiales.

P.: ¿No comparte las supersticiones del ambiente teatral?

A.V.:
Me parecen tremendas. Tienen que ver con el miedo al fracaso. Yo, con Los Amados, rompí con todos esos mitos. ¿Dicen que la segunda función es la peor? La nuestra siempre es buenísima. ¿Está prohibido el amarillo y los lunares? Yo nunca le dije a la vestuarista: "este color no va" y en "Karavali..." llenamos todo de lunares.

Entrevista de Patricia Espinosa

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