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La Falda celebró su Festival de Tango con acento tradicional
Osvaldo Piro exhibió su solvencia al frente de una orquesta, más sinfónica que típica en su tímbrica, en el Festival de Tango de La Falda.
A comienzos de los años '60, Cosquín marcó un camino con su festival. Desde entonces, las fiestas nacionales y los encuentros folklóricos se multiplicaron, ligados o no al impulso turístico, industrial o comercial de cada zona, con nombres musicales o de cualquier otra índole. Con La Falda pasó algo similar. A mediados de esa década, un grupo de periodistas y vecinos se puso como objetivo dar impulso a su ciudad; pensaron en un festival, pero en lugar del folklore optaron por el tango. Así, en 1965, se hizo el primero, que ahora termina siendo el más antiguo del país. Muchas cosas pasaron desde entonces, incluidas varias interrupciones en la continuidad, pero, orgullosamente, este municipio cordobés acaba de cerrar la 31° edición de un encuentro que es parte indisoluble de La Falda.
A la hora de optar entre lo clásico y las experimentaciones, los organizadores prefirieron, de acuerdo a sus hábitos, hacer pie en la historia tanguera de la primera mitad del siglo pasado y dejar las fusiones y las búsquedas modernas para otros espacios. Y los cantores, de diversos estilos aunque siempre con cierto marco de esa tradicionalidad referida, se llevaron la parte más importante de la grilla, por encima de los grupos instrumentales y aun de los bailarines.
Por supuesto que hubo muchas cosas y lo anterior no fue excluyente. Por caso, Astor Piazzolla a quien cuesta seguir mencionando como moderno-, con sus canciones más populares, atravesaron todo el festival, aunque el puramente instrumental sonó menos. Los temas troileanos el año celebratorio lo justifica, por supuesto- se repitieron, pero nadie recordó, por ejemplo, la obra del Tata Cedrón o de Eduardo Rovira, por citar a un par de ilustres; y mucho menos a otros compositores contemporáneos. Pasaron los ballets Malajunta, José Hernández y de la ciudad chilena de Valparaíso, y algunas parejas de bailarines, pero su lugar siempre fue subsidiario al de los cantores y no hubo figuras rutilantes.
El festival había arrancado unos días antes con una serie de actividades complementarias: una Expotango, clases, presentaciones de libros y recitales en distintos puntos de la ciudad. Aunque el broche lo pusieron las tres noches centrales del auditorio por el que pasaron artistas jóvenes y maduros, renombrados o no tanto, desarrollados o en potencia, y una buena cantidad de público.
En las tres jornadas, que siempre terminaron bien entrada la madrugada siguiente, hubo momentos brillantes. Los "heterodoxos" Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale, con un repertorio casi exclusivamente tanguero del que sólo se desviaron para hacer "Una vuelta más" de Rubén Goldín -con el hijo mayor de Baglietto como invitado-, entregaron un set de antología. Osvaldo Piro exhibió su solvencia al frente de una orquesta, más sinfónica que típica en su tímbrica. Amelita Baltar, con una lista de temas en la que mezcló a Piazzolla con tangos más antiguos y un par de piezas propias, sobresalió en "Gricel" y "La última copa". Omar Mollo y Adriana Varela impusieron sus personalidades.
Para destacar también: José Ángel Trelles con mucho Piazzolla y lucimiento con "Mi loco bandoneón", el Greco Cuarteto con cuatro jóvenes músicos que son ya mucho más que promesas, la propuesta de "Tango a tres bandas" con Jesús Hidalgo, Hernán Genovese y Esteban Riera, el buen dúo Burgos-Torres de bandoneón y guitarra, María José Demare, el potente cuarteto del guitarrista Esteban Morgado, la presencia en el cierre de la segunda noche de Raúl Lavié que fue del tango clásico a temas como "Calle angosta", "Santafesino de veras" o "A mi manera".
Fue importante lo de Ariel Ardit con su orquesta típica dirigida magistralmente por Andrés Linetszky, aunque su presentación se enturbió por un pequeño conflicto; se extendió por sobre el tiempo pautado y la producción decidió cerrar el telón mientras los músicos todavía estaban tocando, para enojo manifiesto del público y de él mismo. Lisette, cantante, bandoneonista y pianista de 14 años, es por ahora un prometedor valor a desarrollar que quizá necesite un poco de conducción. Néstor Rolán y Alberto Bianco siguen eligiendo una expresividad algo exterior que tiene como modelo el recordado ciclo "Grandes valores del tango" que condujera Silvio Soldán uno de los habituales maestros de ceremonias de este encuentro-; y en un estilo parecido cayó el crédito faldense, muy festejado por el público, Carlos Habiague, que estropeó su buena actuación tanguera con un innecesario momento mexicano con mariachis de cabotaje y coro amateur. Y la abultada programación sumó a la santafesina Andrea Eletti, la Orquesta Provincial de Música Ciudadana, Marcelo Santos, Contramano Trío, Carlos Rossi con la guitarra de Julián Hermida, Daniel Simmons y al uruguayo Francisco Falco, entre otros.
La política, como siempre, no desaprovecha la ocasión de subir al escenario: la noche del domingo, el gobernador José De la Sota y el intendente (radical) Eduardo Arduh compartieron el micrófono con el diputado Sergio Massa para anunciar un subsidio de la provincia al municipio con motivo del festival.
"31° Festival de Tango. La Falda 2014". Actuación de José Ángel Trelles, Baglietto-Vitale, Tango a tres bandas, Osvaldo Piro, Greco Cuarteto, Ariel Ardit, Amelita Baltar, Raúl Lavié, María José Demare, Esteban Morgado cuarteto, Omar Mollo, Adriana Varela y otros. Conducción: Silvio Soldán y María Fernanda Corda. (Anfiteatro Carlos Gardel; 18 al 20 de julio).
(*) Enviado especial


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