28 de enero 2011 - 00:00

La fascinación por lanzar ajuste fiscal

El debate sobre el uso de las reservas del BCRA llega a su fin. Todo comenzó cuando Matías Kulfas defendió la posición oficial y recibió una balacera ortodoxa liderada por Martín Lagos y luego por José Luis Espert. Hubo contraataques y hoy se da la batalla final. Reaparece Kulfas, contraataca Rubinstein. Surge una «tercera vía» que abre Miguel Kiguel. La discusión sobre las reservas derivó también sobre las raíces de la inflación. Todo se recalentó. La sensación térmica llega ya a los 40°. Buen momento para un respiro para las partes. No es poco lo que se logró: una discusión seria sobre un tema clave de la economía local.

Matías Kulfas (*)
Matías Kulfas (*)
Hoy vivimos una situación paradójica. Los economistas ortodoxos se empecinan en dar lecciones acerca de cómo administrar el superávit fiscal que ellos mismos no supieron conseguir cuando ocuparon posiciones de gobierno o lo hacían economistas afines a ellos. La situación resulta aún más extrema en el caso de José Luis Espert, quien en pleno año 2001 pedía reducir el gasto público provincial a la mitad, lo cual lo eleva a la categoría de bonzo social.

Espert confunde los tantos. La emisión de Lebac por parte del BCRA forma parte de una política destinada a sostener la paridad cambiaria de modo que contribuya al crecimiento de los sectores productivos y el empleo. Esta política demostró resultados superiores a permitir la apreciación monetaria o la libre fluctuación del tipo de cambio: fue posible crecer durante ocho años, bajar el desempleo a un dígito y reducir la pobreza.

La emisión de Lebac es independiente de la política fiscal. Cuando Redrado se atrincheró en su despacho para oponerse al pago de deuda con reservas ya tenía establecida su pauta de colocación de Lebac más allá de cuál fuera la opción escogida para afrontar los pagos de deuda. Espert confunde stocks y flujos. El costo de dicha emisión, que según Espert supera el ahorro de intereses de la deuda que quería colocar Redrado, no es atribuible al flujo de emisión de Lebac del año 2010 sino al stock acumulado durante todo el período 2003-2010. Medido correctamente, aunque la comparación no sea válida, dicho costo es 10 veces inferior al señalado por Espert.

Pasemos al fondo del asunto: la obsesión de Espert por el ajuste fiscal. Su planteo no sólo es inconsistente, también lo ha llevado repetidas veces a profesar predicciones equivocadas. Dos ejemplos. En septiembre de 2009 predijo un desempleo del 14% para fines de 2010 y fue la mitad. Peor aún, en julio de 2007 auguró que el desafío del siguiente lustro consistiría en recuperar el crecimiento y financiar el déficit fiscal (no nos apuremos, aún le queda un año y medio para que tal vez se cumpla su predicción aunque fuera mínimamente). Pero más grave que pifiar una predicción es errar en los propios cálculos de la realidad. Dice Espert que debería recuperarse el superávit del 4% del PBI registrado en 2004 porque en la actualidad tenemos déficit del 2%. Espert induce a confusión comparando el resultado primario de 2004 con el supuesto resultado financiero de 2010. El resultado primario de 2010 fue superávit de casi el 2% del PBI y aun en el caso en que no quisiera computar las utilidades del BCRA (cosa extraña, ¿acaso pertenecen a los exportadores o bancos extranjeros?) el resultado no resultaría deficitario.

Cuando se yerra en el diagnóstico y se utilizan herramientas equivocadas difícilmente se acierte en la predicción. Volvamos al punto de partida. Fines de 2009. ¿Qué alternativas existían? Opción Redrado: colocar deuda al 14% en el mercado internacional. Opción Espert: ajuste fiscal. A la primera ya me referí en mi artículo del 20 de enero. Con respecto a la segunda, un ajuste fiscal en un contexto de recuperación hubiese significado ahogar el escenario de alto crecimiento

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