La Fed avisa que aprieta (Wall Street no se achica)

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• ANUNCIÓ QUE RETOMA POLÍTICA DE RETIRAR PROGRESIVAMENTE LOS ESTÍMULOS
¿Se nos viene encima la “contracción cuantitativa” en una operación de pinzas junto con la planeada suba de tasas de interés? Yellen fue clara.

Con Wall Street en los récords, una economía (quién lo diría) a prueba de huracanes, y postergada la discusión por el techo de la deuda, la Fed puso sus cartas sobre la mesa. La institución que dirige Janet Yellen retoma la política de retirar progresivamente los estímulos. En octubre comenzará a achicar la hoja de balance y, si todo sale bien, irá por otra suba de tasas en la reunión de diciembre (la quinta desde que abandonó la estrategia de las tasas cero). Se mantiene fiel a la idea de recargar el matafuegos, paso a paso, con sumo cuidado de no poner en peligro la recuperación de la economía, haciéndose de munición convencional para afrontar la próxima crisis con el expediente sencillo de la baja de tasas. Pero primero hay que subirlas -y de eso se trata- si se pretende recortarlas luego cuando surja la necesidad.

La Fed no quiere mascar chicle y caminar, las dos cosas a la vez. No sea cosa que, al cambiar de vereda, tropiece con el cordón. El mes que viene empezará a podar su hoja de activos. Con timidez, a razón de 6 mil millones de dólares en títulos del Tesoro y 4 mil millones en obligaciones hipotecarias cada 30 días durante los primeros tres meses. Irá subiendo el monto en 10 mil millones de dólares mensuales, trimestre tras trimestre, hasta alcanzar un volumen de 50 mil millones por mes. No ofrecerá los activos a la venta. Dejará que venzan y no los renovará. Desarmar la posición -acumulada como contrapartida de las operaciones de expansión cuantitativa (QE)- llevará años aunque sobran las incógnitas -por ejemplo, a qué nivel final querrá converger- como para precisar cuántos-. ¿Se nos viene encima la "contracción cuantitativa" en una operación de pinzas junto con la planeada suba de tasas de interés? Yellen fue clara. La Fed procura desensillar sin trauma. La sintonía fina de las condiciones monetarias será resorte exclusivo de los cambios en el nivel de las tasas de Fed funds. Y su nivel de equilibrio en el largo plazo no es muy abultado. En las proyecciones actualizadas bajó otro escalón, a sólo 2,75%.

La franqueza de Yellen es abrumadora, pero aun así subsisten dos misterios. O, más bien, tres. ¿Por qué la inflación es tan baja? Es un misterio que no tuvo reparos en admitir. Desde 2012 que la Fed no logra cumplir con su meta del 2%. Aun cuando ahora nadie discute que la economía opera en pleno empleo. La curva de Phillips no ilumina la respuesta habitual -la tasa de desocupación se ubica por debajo de la tasa natural, pero no enciende presiones de salarios ni precios- y, sin embargo, el banco central, a oscuras, quiere perseverar izando las tasas de interés. Habrá que ver -otro misterio- si existe quórum en diciembre, porque las opiniones dentro de la institución están divididas y ya hubo señales de fuerte discordia. El mejor predictor de la inflación favorita de la Fed -la medición núcleo del deflactor del gasto de consumo personal- merodeaba la zona de 1,9% en la segunda mitad de 2016, pero este año declina mes a mes y apenas registra una variación del 1,4%. Tesituras como las de la Fed de St. Louis que postulan dejar las tasas cómo están sumaron adeptos. Para peor, la disputa por desplazar el techo de la deuda pública regresará a la palestra a mediados de diciembre, y ese mes la reunión de las autoridades monetarias concluye el 13. Si el sino de la deuda no se resuelve temprano, será improbable que se quiera echar leña al fuego. El último misterio también trae fecha de vencimiento: el mandato de Yellen expira en febrero, y las campañas de prensa para buscarle reemplazante por parte de la Casa Blanca han sido notorias. Se diría que el banco central tiene prisa por desmontar la política monetaria no convencional a sabiendas de la posibilidad de un cambio dirigencial en masa. Ya renunció Daniel Tarullo, el responsable de la supervisión bancaria, y el próximo día 13 parte el número dos, Stanley Fischer. Es evidente que las acciones del promovido Gary Cohn bajaron mucho después del episodio racial de Charlottesville (al decir del off the record, Cohn quedó más cerca de la silla eléctrica que de un sillón en la Fed tras criticar la vaga respuesta presidencial). Si Yellen estuviera firme en su sitial la suba de tasas bien podría esperar a 2018.

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