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La historia de la griega (no famosa) acusada por el crimen de su marido
Panagiota es de origen griego. Hasta que la detuvieron en 2011, su vida no era escandalosa como la de la mediática Vicky Xipolitakis. Esta griega, a quien sus vecinos llaman Mariana, fue capturada por la Policía cuando se aprestaba a cremar a su pareja Julio César Caprarulo en el cementerio de Parque Iraola.
El trámite ya venía raro. El dueño de una cochería había rechazado el servicio porque había cosas que no le cerraban. El encargado del sector de crematorios del cementerio fue el que descubrió lo inesperado.
Cuando abrieron el cajón para empezar las maniobras de cremación, detectaron que el cuerpo de Caprarulo presentaba golpes, marcas y colores no compatibles con una muerte común.
Entonces, el sepulturero llamó a la Policía, y una fiscal de Berazategui allanó de urgencia la casa donde vivía la pareja y donde incluso habían velado a Caprarulo. La autopsia arrojó que, a criterio del forense, Caprarulo había sido asesinado a golpes con un objeto romo y duro, mientras descansaba en la cama. Se sugirió que el arma podía ser una maza.
Luego, la prueba de Luminol detectó sangre en la habitación de la víctima. Desde que pasó todo, Panagiota dio siempre la misma versión. Dijo que su pareja se infartó y se murió en la cama, y que algunas lesiones que el cuerpo presentaba en la cara fueron "arañazos" de la mascota familiar. Los golpes los atribuyó al "violento manejo" del cuerpo en el traslado en el cementerio.
Sumado a esto, la fiscal ordenó varias detenciones más, entre ellas la de un médico acusado de firmar un certificado de defunción falso haciendo constar una muerte natural cuando se trataba de un crimen espantoso. También se procesó a una mujer, amiga de Panagiota, a la que se acusó de cambiar la ropa al muerto para tapar las lesiones.
Pero hay más, familiares de Caprarulo hablaron de una viuda "que lloró lágrimas de cocodrilo". La acusaron de "hacer teatro" durante el velatorio y de oscurecer todo para que no se vieran los golpes.
Al juicio Panagiota llegó excarcelada. Vive en Avellaneda y cada nota periodística que dio insistió con su inocencia.
En el debate, la fiscal de Lomas de Zamora Marcela Dimundo pidió que la condenen a 16 años de cárcel por el delito de homicidio simple.
Del otro lado, la defensa sostuvo en su alegato que no se trató de un crimen y que la autopsia estuvo mal hecha.
La defensora Patricia Anzoátegui asegura que Panagiota está acusada de un homicidio que no existe. Según la letrada, Caprarulo murió de modo natural y el autopsista confundió todo con un dictamen "inaceptable".
Lo cierto es que entre una muerte natural con una mascota que lastima la cabeza del muerto, hasta un asesinato brutal a golpes, hay un abismo total. Si el tribunal da por válida el trabajo forense, Panagiota volverá a la cárcel, donde ya estuvo alojada al principio de la causa. Si los jueces valoran el criterio de la defensa y establecen que no se puede probar el asesinato, Panagiota será absuelta. Esta semana será hora del veredicto.


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