9 de agosto 2010 - 00:00

La hora de River

Rogelio Funes Mori se saca la camiseta para festejar, mientras que Ortega se lo dedica a su tribuna. River ganó y nada más, pero llenó el estadio Monumental.
Rogelio Funes Mori se saca la camiseta para festejar, mientras que Ortega se lo dedica a su tribuna. River ganó y nada más, pero llenó el estadio Monumental.
El gol sobre el final transformó en alegría lo que hasta allí era casi indiferencia. El «nuevo River» sumó sus tres primeros puntos, pero demostró muchas de las falencias del «viejo River», porque le costó mucho generar situaciones de gol y sufrió en defensa por los desacoples, sobre todo de los centrales.

Enfrente estuvo el Tigre de Caruso Lombardi, con todas las ventajas y los vicios de los equipos que dirige este técnico. Un equipo con muchos jugadores altos y con la pelota parada como alternativa principal para desequilibrar. Con un férreo 4-4-2, más preocupado en defender que en atacar.

Con ese planteo, le complicó el partido cerrándole los espacios y hasta pudo haberlo ganado de contraataque si Stracqualursi hubiera tenido más precisión en sus remates al arco.

River intentó aprovechar la mayor habilidad y velocidad de sus tres enganches, pero el toque y la gambeta del juvenil Manuel Lanzini, Buonanotte y Ortega se volvían intrascendentes, porque nunca finalizaban en una situación del gol.

Funes Mori (que terminó siendo el héroe) aportó a la confusión general retrocediendo demasiado y cuando se metía en el área, se entregaba a la marca de Echeverría y Claudio Pérez.

River mostró una idea de juego, pero fue tan impreciso que sus jugadas terminaban en el borde del área. En cambio, Tigre, con los desbordes de Galmarini y Gastón Díaz y la movilidad de Pasini, fue el que tuvo las mejores situaciones de gol.

Cappa buscó variantes ofensivas primero con Affranchino por Lanzini y después con Caruso por Acevedo (con lo que cambió el esquema táctico para jugar con dos delanteros netos), pero no encontró soluciones.

El partido se encaminaba a un olvidable empate sin goles, pero apareció la magia de Ariel Ortega para generar un desborde por izquierda y le puso el centro en la cabeza de Funes Mori, que esta vez no falló y alimentó la ilusión de un equipo que quiere volver a ser protagonista de los campeonatos y que ayer llenó el estadio más grande del fútbol argentino.

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