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La hora de River
Rogelio Funes Mori se saca la camiseta para festejar, mientras que Ortega se lo dedica a su tribuna. River ganó y nada más, pero llenó el estadio Monumental.
Enfrente estuvo el Tigre de Caruso Lombardi, con todas las ventajas y los vicios de los equipos que dirige este técnico. Un equipo con muchos jugadores altos y con la pelota parada como alternativa principal para desequilibrar. Con un férreo 4-4-2, más preocupado en defender que en atacar.
Con ese planteo, le complicó el partido cerrándole los espacios y hasta pudo haberlo ganado de contraataque si Stracqualursi hubiera tenido más precisión en sus remates al arco.
River intentó aprovechar la mayor habilidad y velocidad de sus tres enganches, pero el toque y la gambeta del juvenil Manuel Lanzini, Buonanotte y Ortega se volvían intrascendentes, porque nunca finalizaban en una situación del gol.
Funes Mori (que terminó siendo el héroe) aportó a la confusión general retrocediendo demasiado y cuando se metía en el área, se entregaba a la marca de Echeverría y Claudio Pérez.
River mostró una idea de juego, pero fue tan impreciso que sus jugadas terminaban en el borde del área. En cambio, Tigre, con los desbordes de Galmarini y Gastón Díaz y la movilidad de Pasini, fue el que tuvo las mejores situaciones de gol.
Cappa buscó variantes ofensivas primero con Affranchino por Lanzini y después con Caruso por Acevedo (con lo que cambió el esquema táctico para jugar con dos delanteros netos), pero no encontró soluciones.
El partido se encaminaba a un olvidable empate sin goles, pero apareció la magia de Ariel Ortega para generar un desborde por izquierda y le puso el centro en la cabeza de Funes Mori, que esta vez no falló y alimentó la ilusión de un equipo que quiere volver a ser protagonista de los campeonatos y que ayer llenó el estadio más grande del fútbol argentino.


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