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La inseguridad, una enfermedad
En la Argentina al igual que el Chagas o el dengue «la inseguridad» se ha transformado en una enfermedad endémica que tiene una importante morbimortalidad.
El número de casos notificados, aun con un importante subregistro no está publicado por la Dirección de Estadísticas del Ministerio de Salud y Medio Ambiente del Gobierno nacional, ni por la Dirección de Estadística y Censos del GCBA, ni por el INDEC, sino por los medios de comunicación.
Esta enfermedad se caracteriza por muerte violenta, mutilaciones, violencia de todo tipo: física, psíquica y social.
No discrimina edad, sexo, clase social, etc, sino que al igual que el sida, todos estamos expuestos a padecerla en cualquier momento.
Definición: no sólo se define como aquella producida por arma de fuego o arma blanca, (sólo este subtipo produce la muerte de un compatriota cada día), sino que provoca invalidez, discapacidad, daño psicológico severo (estrés postraumático, fobias, depresión, suicidios, adicciones, trastornos de ansiedad y, fundamentalmente, angustia y miedo, entre otras cosas.
No sólo es producida, como se suele denominar en la jerga, «por los pibes chorros», sino que entre los agentes vectores más importantes se encuentran muchos de los funcionarios públicos que tendrían la responsabilidad de «erradicarla» y que sin embargo son los factores de mayor propagación.
La inseguridad es sinónimo de impunidad, corrupción, pobreza, indigencia, desnutrición, desempleo, no educación. Falta de cobertura de salud, en síntesis dejarnos sin futuro.
Millones de argentinos ya enfermaron, más de una generación es irrecuperable y por lo tanto se han convertidos en los «leprosos de la modernidad».
Lo dramático, que se ha instalado en miles de niños y jóvenes, que sin tratamiento alguno mueren o matan por un par de zapatillas, porque ya están jugados. Ni aun los que viven en los guetos más cerrados se encuentran a salvo.
Lo desalentador es que los que tienen el poder para prevenirla y curarla, no les importa porque están dentro de una burbuja, donde lo único que les preocupa es concentrar más poder que beneficia sólo a unos pocos.
La perversidad es tal, que miran para otro lado cuando millones de compatriotas sufren y mueren por la falta de tratamiento.
Lo más triste que no se trata de encontrar una vacuna o un medicamento de costo inaccesible sino que es remediable con los recursos que se tiene a disposición.
Pero los psicópatas no sienten culpa, para ellos el problema es de las víctimas y no de los victimarios.
Ésta es la estructura de personalidad de los que nos gobiernan, y cometen un grave error si piensan que ellos son inmunes a la enfermedad que nos aqueja.
(*) Médico sanitarista

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