Por segunda vez en una semana el Gobierno salió mejor parado de lo que esperaba de una manifestación popular. El sábado pasado la marcha de apoyo a Mauricio Macri superó ampliamente cualquier expectativa, especialmente la de los propios funcionarios de Cambiemos. Ayer los efectos del paro fueron amplios, como siempre sucede cuando existe un bloqueo completo del transporte, pero el macrismo pudo mostrar novedades importantes en el manejo de la calle y hasta un reconocimiento oficial de voceros de la CGT sobre carácter netamente político de la protesta. Macri no podría haber pretendido más, enfrascado en ese momento en el mini-Davos que sesionó ayer en Buenos Aires.
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A diferencia de lo que sucedió en los últimos años durante protestas de este tipo, poco después del mediodía tanto la Ciudad de Buenos Aires como los accesos estaban despejados y hasta Patricia Bullrich podía mostrar que, esta vez, el puente Pueyrredón no había sido territorio de piqueteros (ver nota aparte).
La izquierda salió con fuertes críticas a esos procedimientos, alegando incluso violencia represora. Pero quizás en este punto esté uno de los elementos que ayer coronaron la realidad de las protestas que acompañan los paros: en todos los cortes y marchas no hubo cara alguna del sindicalismo, ni tampoco del peronismo de cualquier color. Sólo militantes de izquierda y piqueteros de las ramas más duras.
En esto puede verse un doble juego que tiene antecedentes de sobra en la historia argentina. El paro de ayer fue convocado por la CGT y la CTA y, política y formalmente, son las organizaciones que pueden adjudicarse el mayor o menor éxito en la medida. El sindicalismo no pudo evitar que la izquierda intentara robarle el éxito de los cortes. Una de las principales preocupaciones del triunvirato cegetista en los últimos días fue precisamente esa: ceder las fotos de la calle a la izquierda ya que la movilización y los cortes no estaban ni en el menú sindical, ni en el peronismo. Un aparte: el PJ desapareció ayer de la escena política y solo revivió en alguna repercusión radial.
Lo cierto es que la izquierda ayer terminó ayudando al sindicalismo que más critica, con los cortes y metiendo miedo a la gente que pretendía llegar a trabajar. Le resultará difícil a esos partidos lograr que se les adjudique algún éxito en los eventos de ayer; más bien sólo se quedaron con la queja de la gente.
Que el peronismo use a la izquierda no es nuevo. En los 50, Juan Domingo Perón chocó con el Partido Comunista. Los radicales lo recuerdan: debían darles carnets de afiliación falsos a los militantes del PC para cuando los parara la Policía. En el 73, el PJ terminó apoyando la fórmula para el regreso de Perón.
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