25 de febrero 2011 - 00:00

La lechería no logra despegar pese a demanda firme y buenos precios

La lechería no logra despegar pese a demanda firme y buenos precios
¿Qué determina que un producto que tiene demanda local firme (nuevamente en 200 litros per cápita por año), y más aún internacional, con precios que superan los u$s 4.400 por tonelada para la leche en polvo, traccionados entre otros por la persistente demanda China, no logre «despegar» y siga, después de 10 años, en volúmenes de producción similares, de alrededor de 10.000 millones de litros, a pesar de todas las nuevas tecnologías y genética?

Clima y mercados mediante (en 12 años hubo de todo, para bien y para mal), se podrían enumerar cantidad de factores que confluyeron para que ni siquiera se alcancen ahora los niveles de fines de los 90, cuando se rondaron los 10.600 millones de litros.

Sin embargo, la lista se puede reducir rápidamente a dos elementos básicos: inestabilidad de las reglas de juego, y falta de transparencia e irregularidad del mercado ambos derivados, básicamente, de una política cortoplacista, falta de estrategia, y fuertemente intervencionista, más negativa al tratarse de un negocio de comparativamente grandes inversiones, mediano-largo plazo en los resultados, y que tiene la para nada despreciable competencia de la agricultura, especialmente sojera, con un giro de 6 meses.

Tal escenario forzó una marcada concentración, ya que la cantidad de establecimientos tamberos cayó más del 30% en 5 años, reduciéndose en alrededor de 6.000 establecimientos (el año pasado volvió a bajar otro 3,4% más), por lo que ahora quedan menos de 11.000, cuando a mediados de los 90 se superaban los 17.000. Naturalmente, sobrevivieron los más fuertes y los que dada su escala, lograron aumentar su producción individual.

Hoy, si bien se prevé un crecimiento relativo del volumen de producción (mayor al del año pasado que apenas alcanzó el 1,41%), la falta de expectativas, y la suba constante de los insumos hacen peligrar hasta ese eventual avance.

El caso es que los costos totales del tambo habrían aumentado más de u$s 440 por hectárea en un año, según datos de Márgenes Agropecuarios, llevando el costo por litro producido a alrededor de 37-39 centavos de dólar, $ 1,50 aproximadamente, es decir, casi 10 centavos por encima de lo que están recibiendo los tamberos de $ 1,41 por litro, en el mejor de los casos, según datos de la industria. La suba implica, además, un incremento de los costos del 35%-38%, bien alejado de la inflación oficial anual.

Por otra parte, según el último informe de AACREA de esta semana, el aumento de precios recibido por los tamberos durante el año pasado, es «leve» frente a la inflación real «que impacta sobre los costos de salarios, tarifas e insumos», y erosiona la rentabilidad. Tampoco tiene mucho que ver con los incrementos registrados por los lácteos en las góndolas.

Para la entidad, uno de los indicadores de la «negativa situación de precios es la relación insumo/producto. Los costos de producción de la leche aumentaron más que el precio recibido por los productores en los últimos 12 meses» (cuadro) ya que en enero de 2011 el productor tambero necesitaba un 12% más de leche para comprar un kilo de maíz, que en enero de 2010 y esa relación siguió deteriorándose durante este mes de febrero. La relación maíz/leche pasó de 0,47 en enero de 2010 a 0,53 en enero de 2011. «El maíz es un factor clave porque refleja la evolución del costo de alimentación, que corresponde al 60% del precio total de producción», dice AACREA. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con los fertilizantes.

Pero no es el único factor (además de los ya mencionados). También la magra oferta crediticia atenta contra cualquier posibilidad de avance. De hecho, el segundo tramo por $ 300 millones anunciado por el Gobierno (apenas unos u$s 75 millones), no parece demasiado para un sector que tiene una facturación primaria de alrededor de $ 14.000 millones y capitales de uso por otros $ 96.000 millones.

Sin embargo, las perspectivas por el lado de la demanda son buenas. Por el lado local, donde no se alcanzan aún los más de 220 litros anuales de consumo de la década pasada, porque ya hubo una recomposición a alrededor de 200 litros. Además, la experiencia indica que en años de elecciones, el consumo interno habitualmente se incrementa.

Y, en el frente internacional mejor aún, ya que según José Quintana, en Márgenes, «se espera que China importe unas 400.000 toneladas de leche en polvo este año, lo que representa un 770% de crecimiento respecto de las 46.000 toneladas de 2008».

Pero también destaca que hay problemas climáticos en Australia y Nueva Zelanda, y que en ningún caso, el crecimiento relativo de la oferta en los países productores, va a compensar el fuerte incremento de la demanda. Sintetizando, la perspectiva entonces era que los precios internacionales se mantengan firmes, o aún que aumenten por sobre los niveles actuales, al menos, hasta que estalló el conflicto en el Cercano Oriente.

Y esto para la Argentina sería clave (si la dejaran exportar), ya que los cálculos que hacen las entidades de productores indican que, las cotizaciones internacionales actuales (alrededor de u$s 4.400 por tonelada de leche en polvo) permitirían pagar un precio en tranquera de tambo superior a $ 1,80 por litro, 40 centavos por encima del nivel actual, es decir, casi un 30% más, y sin afectar los precios internos de los lácteos.

Mejorar los precios para que la producción primaria recupere rentabilidad, desmantelar restricciones que restan transparencia (Roel o Roe lecheros, demora en devolución de impuestos y pagos de compensaciones cuando las hubo, créditos digitados, acuerdos parciales, falta de planificación, etc.) serían entonces las prioridades que permitirían, no sólo un crecimiento de la producción primaria de leche que hoy según la Asociación de Productores de Leche (APL) estima en el 50% de su verdadero potencial (la Argentina podría producir más de 20.000 millones de litros por año), sino también que la industria láctea pueda disminuir una capacidad ociosa que ellos mismos ubican en un alarmante 30%.

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