2 de junio 2014 - 00:00

La música no es una cuestión de edad en “Iguazú en concierto”

Puerto Iguazú celebró la quinta edición de su encuentro internacional junto a las Cataratas, que coordina como directora artística Andrea Merenzon.
Puerto Iguazú celebró la quinta edición de su encuentro internacional junto a las Cataratas, que coordina como directora artística Andrea Merenzon.
Puerto Iguazú - Durante una semana, Puerto Iguazú fue noticia por algo más que su calidad de puerta de entrada a las Cataratas. Por quinta vez consecutiva toda la ciudad se transformó, entre el lunes y ayer, en un gigantesco escenario para la música del mundo, en las manos de niños y adolescentes llegados de 20 países diferentes. "Iguazú en Concierto", el festival internacional de orquestas infanto-juveniles, cumplió una vez más su objetivo: ser lugar de encuentro, intercambio, formación y lucimiento para sus más de 700 participantes. Convocados por Andrea Merenzon, directora artística de este emprendimiento del Gobierno de Misiones (a través del Ministerio de Cultura, Turismo, Ciencia y Tecnología con el apoyo del Consejo Federal de Inversiones), orquestas, coros, ensambles y solistas de menos de 17 años compartieron ensayos, conciertos, paseos, clases, juegos improvisados y vivencias imborrables, que multiplicaron con su energía.

La calidez que se respira en los participantes del encuentro es capaz de convocar multitudes y subir temperaturas tan bajas como las de la noche del jueves, en que el Anfiteatro Ramón Ayala de esta ciudad se vio colmado por el público.

La original Makochi Dulcemelos (Orquesta Infantil de Salterios) de México permitió a muchos conocer las particularidades de este milenario instrumento, complementado aquí con cimbalom, acordeones y contrabajo, en arreglos de piezas académicas y obras populares mexicanas.

Por su parte la Swing Kids Jazz Big Band de Suiza dirigida por el japonés Dai Kimoto mostró que no tiene nada que envidiar a formaciones similares de adultos, ni en la perfección del conjunto ni en la calidad de sus integrantes, que se lucieron en solos de un altísimo nivel (incluyendo a la asombrosa Sophie Bright, de 9 años).

La primera explosión de alegría de esa noche estuvo a cargo de la Orquesta Lyra Tatuí de Brasil, fenomenal banda de metales integrada por 85 pequeños músicos de escuelas estatales bajo la dirección de Adalto Soares y Silvia Zambonini Soares. Con una destreza coreográfica digna de una "escola de samba", los brasileños hicieron bailar al público en una selección de las más famosas melodías de ese país. No menos celebrada fue la actuación que cerró el concierto: la de la Watershed and Winad Marimba Band a las órdenes de Winnie y Addmore Chokera. La misteriosa sonoridad de las marimbas (ejecutadas con virtuosismo por fabulosos instrumentistas-cantantes) se complementa con un coro de características excepcionales, cada uno de cuyos integrantes personifica una entrega total.

El viernes por la noche parte de la actividad se vistió de etiqueta y se trasladó a un contexto completamente diferente: el Café Magic del Iguazú Grand Resort Spa & Casino. Allí tuvo lugar la Gala a beneficio de UNICEF (única actividad arancelada del encuentro) en la que se presentaron algunos solistas y los grupos cuyo despliegue se adaptaba a un escenario de dimensiones más "camerísticas". La increíble Yi Ting Ong, de 10 años y oriunda de Singapur, atrapó todas las miradas con su simpatía, musicalidad e infalibilidad técnica en flauta y piccolo. Maria Andreeva, de 13, mostró ductilidad al afrontar en soledad difíciles obras en violín, piano y canto, el israelí Daniel Pruzansky conquistó con su carisma cantando y tocando el clarinete en temas populares y la turca Deniz Sensoy sorteó con altura las dificultades de arduas obras del repertorio violinístico. Bajo la dirección y el acompañamiento en piano de su titular César Bustamante, el Coro de Niños del Teatro Colón abordó de forma impecable un repertorio ecléctico, del Cancionero de Palacio a Ariel Ramírez. El ensamble mexicano de salterios y el de instrumentos tradicionales afganos dieron a la velada el toque exótico.

La lluvia que desde temprano cayó el sábado frustró el plan original para el cierre, y así el gran concierto fue reprogramado para el domingo a la tarde. En vista de esta circunstancia la organización convocó a un ensayo general con público el sábado por la tarde (llevado a cabo en el espacio Takuapú, una carpa con capacidad para 2.000 personas) que permitió palpitar gran parte de la emoción y la calidad artística que habría de vivirse ayer en el Sheraton Iguazú, a metros de las Cataratas.

Este corolario es también una suerte de síntesis del espíritu del festival, tanto en la multiplicidad y variedad de las expresiones musicales allí vividas como en la integración de los participantes: los solistas comparten atriles con los miembros de las orquestas y ensambles (que a su vez se mezclan entre ellos), y se revive una constante de la dinámica de "Iguazú en Concierto": sin importar las barreras idiomáticas, la música es la clave del entendimiento. El director de cada agrupación aborda un tema de su repertorio frente a una masa orquestal y coral perfectamente organizada y que funciona a un nivel profesional, con el plus de energía y espíritu de grupo del que muchas orquestas de adultos carecen.

De "El Humahuaqueño" a "Rock around the clock", de una marcha de Sousa a "Todos juntos", de la "Farandole" de Bizet, del tango "Sur" a una fantasía sobre temas de "La traviata" y el emocionante cierre con el célebre "We are the world", casi un himno de la infancia, es difícil imaginar una experiencia más enriquecedora que ésta para un niño o adolescente que, sin importar su origen, condición social u objetivo, haya encontrado en la música la más alta forma de comunicación humana.

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