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La noche del Oscar más político se cerró desde la Casa Blanca
La aparición de Michelle Obama en transmisión directa desde Washington para anunciar el Oscar principal, agregó un inesperado suspenso: a qué película ganadora quedaría asociado el gobierno estadounidense.
Cuando, culminando la noche, Jack Nicholson se comunicó directamente con Michelle Obama, hubo tres sorpresas: la transmisión desde la mismísima Casa Blanca en Washington, la participación de la Primera Dama, que también es una figura política, y el inesperado suspenso: ¿a qué película ganadora quedaría asociado indirectamente el gobierno?
Forzosamente, debía ser una de trasfondo político: «Lin-coln», días antes celebrada por el propio Presidente, «La noche más oscura», que detalla un triunfo de su gestión sobre el terrorismo internacional, o «Argo». Estas dos últimas hacen el elogio de la CIA, pero tienen una singular diferencia. «La noche...» deja entender que en el organismo es práctica común usar lo que se llama eufemísticamente «interrogatorio bajo presión». Y que sin esa práctica poco amable nunca se avanzaría demasiado. En cambio, «Argo» describe un operativo ingenioso, muy original e inteligente, donde no necesitaron de tortura o asesinato para liberar y hacer volver a casa a seis miembros del cuerpo diplomático que habían quedado en medio de la Revolución Islámica de 1979. Por supuesto, los Obama quedaban mejor asociados con esta película. Así también lo habrá pensado la Academia, que, según trascendidos, recién el jueves decidió concretar esa comunicación, una vez hecho el recuento de votos (el envío de votos había cerrado el miércoles).
«Argo» tiene, además, un leve matiz de autocrítica típica de los norteamericanos, y un atractivo especial para los demócratas: su acción transcurre bajo la gestión de Jimmy Carter. Ahora las agencias iraníes de noticias «Mehr» y «Fars» rechiflan contra el Oscar, dicen que fue un premio político a «una película anti iraní sin valor ténico ni artístico» (palabras del ministro de Cultura de aquel país), y anuncian la próxima realización de una réplica, lo que puede ser muy divertido.
Del resto, como ya se sabe, la otra gran ganadora fue una linda fantasía enteramente apolítica: «Life of Pi», aquí estrenada como «Una aventura extraordinaria», que se llevó cuatro Oscar: mejor director (Ang Lee por segunda vez, después de «Secreto en la montaña»), fotografía, efectos visuales y banda sonora. Dicho sea de paso, fue la más taquillera de todas las nominadas a mejor película. La más taquillera de todas las nominadas en general fue «Los vengadores» y no sacó nada.
Otra taquillera, «Les miserables», ganó tres: actriz de reparto (Anne Hathaway, el premio más cantado), mezcla de sonido y maquillaje/peluquería. Con tres se fueron «Argo» (mejor film, guión adaptado y montaje), «Lin-coln» dos (actor, Daniel Day-Lewis, y diseño de producción), «Django sin cadenas» (guión original y actor de reparto), «Skyfall» (canción y edición de sonido, compartida). Con uno solo, «La noche más oscura» (edición de sonido, compartida), «Anna Karenina» (vestuario) «Amour» (mejor film extranjero) y «El lado luminoso de la vida» (mejor actriz, Jennifer Lawrence). Y con las manos vacías pero fuertes aplausos cada vez que la nombraban, «Beast of the Southern Wild», aquí rebautizada «La niña del sur salvaje». Otros también se fueron con las manos vacias, pero sin mayores aplausos.
A señalar, los premios «menores»: «Valiente», mejor largo de animación, el delicioso «Paperman» de Pixar, mejor corto de animación, los cortos «Curfew» e «Inocente» (muy emotivo), y el largo documental «Searching for Sugar Man», curiosamente el único apolítico de todos los ternados en su rubro, que habitualmente es el más abiertamente político de los Oscar.
A señalar, también, los agradables discursos de los dos austríacos ganadores, es decir Michael Haneke, creador de «Amour», y el malo de «Django...», Christoph Waltz, que en la vida real parecía un tímido de película. El discurso hiperbreve del presidente de la Academia Hawk Koch, que presentó a seis estudiantes ganadores de un concurso, invitó a visitar el nuevo museo del organismo, y no se quejó de nada. El saludo de Ang Lee al público y sus colaboradores: «Ustedes son la estatuilla dorada de mi corazón». Los chistes de Daniel Day-Lewis, que ya están en la red. Y la inesperada frase de un tipo decididamente poco agraciado, Grant Heslov, parado entre Ben Affleck y George Clooney: «Sé lo que están pensando: los tres productores más sexies del planeta». Claro, con el Oscar al mejor film en su poder, cualquiera es sexy.


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