18 de septiembre 2009 - 00:00

La oferta real de créditos hoy

Matías Kulfas
Matías Kulfas
En las últimas semanas, dos informes alertaron sobre una supuesta retracción del crédito a las empresas, y a las pymes en particular, cuyo origen sería la elevada demanda de fondos por parte del sector público y la presión sobre el Banco de la Nación Argentina. Por un lado, José Luis Espert señaló en un artículo de reciente publicación en Ámbito Financiero que el Gobierno recurre cada vez más al Banco Nación y esto reduce el crédito al sector privado. Por otro lado, la Fundación Mediterránea indicó en su último informe que «las pymes son el último eslabón en la cadena de crédito ya que antes se encuentra el Gobierno nacional muy activo absorbiendo fondos del Banco Nación».

Estos enfoques parecen remitirse a la situación que se vivía en los años 90 y poco tienen que ver con la realidad de estos días. Durante los últimos 18 meses, el Banco Nación no sólo no redujo sino que incrementó sustancialmente el crédito al sector privado no financiero. Como prueba de ello baste señalar que la participación de mercado del Banco Nación creció más de cinco puntos porcentuales, superando el 15% en la actualidad. Por su parte, la cartera pymes del BNA creció el 55% durante 2008 y explicó nada menos que el 75% del incremento del financiamiento a las pymes durante el año pasado. Si el Sr. Espert o los señores de la Fundación Mediterránea se hubieran tomado unos pocos minutos para analizar los datos, seguramente no hubieran derrochado tiempo y tinta.

Este crecimiento del BNA se explica tanto por su propia política de expansión del crédito como por la reducción de la oferta en que incurrió la mayor parte de la banca privada. En otras palabras, el BNA cumplió un papel contracíclico en el mercado de crédito, factor que seguramente influyó positivamente para morigerar el ciclo económico y los efectos negativos provocados por la crisis internacional. Pero para estos economistas enamorados del modelo de los 90 (cabe recordar que la Fundación Mediterránea condujo el Ministerio de Economía durante largos años), el hecho de que los bancos privados dejen súbitamente de prestar no pareciera ser un problema y sí, en cambio, cabe recargar las tintas sobre el financiamiento que el Banco Nación brinda al sector publico.

No está de más aclarar que el Gobierno posee una importante cantidad de recursos depositados en el Banco Nación y que la mayor parte de éstos ha sido utilizada para financiar préstamos destinados a inversiones del sector privado. El supuesto efecto de crowding out según el cual la fuerte demanda de financiamiento del sector público termina reduciendo el acceso al crédito por parte de las empresas y, en particular, las más pequeñas, es un fenómeno de los años 90 que nada tiene que ver con la coyuntura actual. La nostalgia parece haberles jugado una mala pasada.

El informe de la Fundación Mediterránea además, por una parte, carga las tintas en la supuesta reducción de la rentabilidad de las pymes, fenómeno sobre el que muchos hablan pero nadie aporta datos concretos. Pero si tomamos la información que provee el Anuario de Estadísticas Tributarias de la AFIP y consideramos las ganancias declaradas por las sociedades que facturan menos de 50 millones de pesos al año, podremos comprobar que el margen de rentabilidad sobre ventas ascendió al 7,6% en 2003, 6,7% en 2004, 7,4% en 2005, 7,4% en 2006 y 8,6% en 2007. Por otra parte, el mencionado informe señala la necesidad de «capitalizar con desgravaciones impositivas a las sociedades de garantías recíprocas» cuando dichas sociedades ya cuentan con ese mecanismo desgravatorio según lo normado por la leyes 24.467 y 25.300. En conclusión, el rol contracíclico que desempeña la banca pública, en este caso el Banco de la Nación Argentina, es fundamental para garantizar el acceso al crédito de los sectores postergados por la banca privada. Administrar eficiente y eficazmente su liquidez, que proviene - en gran medida - de los recursos del superávit fiscal es decir del ahorro de todos los argentinos, permite que éstos vuelvan a la sociedad generando una mejor distribución de la riqueza y desarrollo productivo y social inclusivo.

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