11 de noviembre 2022 - 00:00

La organización del Mundial junto con la FIFA tapan la realidad y buscan limpiar la imagen de Qatar

A la FIFA lo que le importa es que la pelota ruede y le prohibió a Dinamarca entrenar con una camiseta en defensa de los derechos humanos, al mismo tiempo que flamea la bandera de la paz al anunciar que, tras un acuerdo con Israel y Palestina, los fanáticos compartirán vuelos desde Tel Aviv.

Controversia. Mientras varias ONG denuncian violaciones a los derechos humanos y explotación laboral, los organizadores refutan las acusaciones y la FIFA parece mirar a un costado y solo quiere que la pelota ruede.
Controversia. Mientras varias ONG denuncian violaciones a los derechos humanos y explotación laboral, los organizadores refutan las acusaciones y la FIFA parece mirar a un costado y solo quiere que la pelota ruede.

Los organizadores de la Copa del Mundo 2022, mancomunados con la FIFA, le dan la espalda a una realidad y tratan de limpiar la imagen de un país como Qatar que, desde que se lo designó oficialmente como sede en diciembre de 2010, estuvo salpicado por denuncia por violaciones a los derechos humanos y explotación laboral de los obreros que trabajaron en la construcción de los estadios que, en su mayoría migrantes.

Por eso, mientras los organizadores rebatieron las acusaciones de “discriminación y explotación” en las obras de la Copa, en base a testimonios de unos 60 obreros, la FIFA -en una actitud autoritaria- le prohibió a Dinamarca entrenarse con camisetas en defensa de los derechos humanos, al mismo tiempo que pretende levantar la bandera de la paz al anunciar que, tras un acuerdo con las autoridades de Isarael y Palestina, los fanáticos de ambas naciones compartirán vuelos desde Tel Aviv rumbo a Qatar.

Una de cal y una de arena para el máximo ente del fútbol mundial que, con otras autoridades -aunque en ese entones el actual titular de FIFA, Gianni Infantino mantenía un vínculo cercano con el entonces presidente de la UEFA, Michel Platini- se vio salpicado por hechos de corrupción al otorgarle la organización de los Mundiales a Rusia y a Qatar. En los últimos días, el expresidente de FIFA, Joseph Blatter, admitió que “fue un error designar a Qatar como organizador del Mundial”.

Rechazo

A pesar de todo, lo más importante para la FIFA es que la pelota siga rodando, sea donde fuere, y que la maquinita generadora de dólares o euros no se detenga. Por eso... ¿no pudo o no quiso torcer el destino para que Qatar no fuera el organizador de esta nueva Copa del Mundo?. Ante esto, la FIFA trata a toda costa de obviar graves problemas y hacer que la pelota ruede, aunque el terreno este manchado de barro y sangre. Hacer de cuenta que no paso nada es su mejor estrategia, aunque con prohibiciones y blandiendo la supuesta bandera de la paz mundial a través del fútbol.

Una de las medida que tomó fue prohibir a Dinamarca entrenar con camisetas con mensajes insccriptos de defensa de los derechos humanos, según anunció la federación danesa.

La federación internacional rechazó la petición danesa de utilizar estas camisetas con el mensaje “Human Rights for All” (“Derechos humanos para todos”), confirmó Jakob Hoyer, un portavoz de la DBU.

La Federación Danesa, hostil a la organización del torneo en Qatar, quiere liderar la lucha en favor de los trabajadores migrantes y la defensa de los derechos LGBT en el emirato. “Hemos enviado una petición a la FIFA, pero la respuesta es negativa. Lo lamentamos, pero debemos tenerla en cuenta”, declaró el director general de la DBU, Jakob Jensen.

La Federación había anunciado que sus camisetas de entrenamiento mostrarían “mensajes críticos” y dos patrocinadores habían aceptado que se reemplazara su logotipo en las mismas.

Prohibición

La FIFA, que prohíbe los mensajes políticos, pidió a las selecciones que se “concentren en el fútbol” y que no entren “en cada batalla ideológica o política”.

“Para mí se trata de una camiseta con un mensaje muy simple sobre los derechos humanos universales”, subrayó Jensen quien aseguró que a la DBU no le queda otra alternativa que aceptar la prohibición de las camisetas críticas para evitar multas y sanciones, i

Al mismo tiempo, la FIFA quiso mostrar su lado benévolo y anunció que fanáticos de Israel y Palestina compartirán vuelos desde Tel Aviv rumbo al Mundial Qatar, tras alcanzar un acuerdo con autoridades gubernamentales.

Las aeronaves serán operadas por una empresa con derechos de aterrizaje en Doha, con salida desde el Aeropuerto Ben Gurion, de la capital israelí, y llegada al Aeropuerto Internacional Hamad.

El convenio se formalizó después de reuniones mantenidas por representantes de la FIFA junto con miembros del Comité Supremo de Entrega y Legado de Qatar 2022 y del Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Cultura y Deporte de Israel.

“Estamos encantados de que se haya llegado a un acuerdo para que los aficionados israelíes y palestinos visiten Qatar y asistan a los partidos. Con este acuerdo, israelíes y palestinos podrán volar juntos y disfrutar del fútbol juntos...”, celebró el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, al anunciar el acuerdo.

Inexactitudes

Obviamente, ante este apoyo incondicional de la FIFA, los organizadores juegan su partido aparte y por eso ayer salieron a rebatir las acusaciones de “discriminación y explotación” en las obras de la Copa, en base a testimonios de unos 60 obreros.

Según el Comité Supremo de la organización del torneo, el informe de la ONG británica Equidem que contiene esas alegaciones está “plagado de inexactitudes y declaraciones falsas”.

El informe impugnado, titulado “Si nos quejamos, nos echan”, reconoce que Qatar, ante el aluvión de críticas, emprendió “reformas” para mejorar el trato de los trabajadores extranjeros contratados en las obras del Mundial. Entre esas medidas, cita la creación de un salario mínimo, de un poco más de 2.000 dólares por mes, y la abolición parcial del sistema de patrocinios que impedía a un obrero salir del país o cambiar de empleo. Pero eso no modifica un pasivo por el cual “miles de trabajadores deben obtener compensaciones por los gastos ilegales de contratación, los salarios impagos y otros perjuicios”, afirmó en un comunicado el presidente de Equidem, Mustafa Qadri,

Esas demandas coinciden con las que formulan desde hace meses otras ONG, como Amnistía Internacional.

El documento publicado ayer por el Comité Supremo para refutar esas afirmaciones cita a 60 obreros que trabajaron entre 2014 y 2022 en los ocho estadios donde se jugará la Copa y busca rebatir acusaciones específicas, relacionadas entre otras cosas con una “cultura del miedo”, con las condiciones climáticas extremas en horas laborales, la imposibilidad de tomar días francos o el despojo del salario.

La ONG cita por testimonios de caídas mortales de un bengladesí “en marzo de 2019” y de un ciudadano chino “probablemente en 2021”. También se remite al relato anónimo de un obrero keniano que asegura haber visto “en el mismo local varios muertos y colegas con heridas graves” sin que eso alterara la rutina de trabajo. El Comité organizador asegura que esa acusación es “rotundamente falsa” y que fue “presentada sin prueba alguna, como la mayor parte del informe”.

Según los organizadores, desde 2014 se registraron “tres fallecimientos relacionados con el trabajo y 37 sin relación” con los preparativos del Mundial. “Considerando los procedimientos adoptados (...) de seguridad, sería prácticamente imposible disimular o no informar correctamente un fallecimiento relacionado con el trabajo”, subraya.

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