30 de septiembre 2014 - 00:00

La perfección ovalada

Simpleza y efectividad. Paciencia y velocidad. La capacidad de convertir la defensa en ataque. Habilidad individual y armonía grupal. Capacidad y hambre. Técnica y reflejos. Pasado y presente. La perfección ovalada.

Pasaron nuevamente los All Blacks por la Argentina y Los Pumas no pudieron con ellos. El equipo de Nueva Zelanda es mucho más que estas pocas características enumeradas. Cuando se los considera como un posible candidato a ser considerado el mejor equipo de todos los tiempos -algo tan subjetivo como imposible de corroborar- se hace en función de que en esta década han sido el equipo dominador. Se adueñaron de la cima del rugby mundial y no parece haber forma de bajarlos.

Tienen un récord extraordinario. Por tomar una referencia, desde junio de 2010 llevan jugados 67 test-matches, ganaron 61, empataron dos y perdieron cuatro -en dos de ellos, previos al Mundial que ganaron en su país en 2011, les dieron descanso a sus figuras, en otro cayeron en la última jugada por dos puntos; solamente en 2012 fueron bien derrotados por Inglaterra, por 17 puntos-. Entonces, la derrota Puma tiene otro contexto.

Lo del sábado a la noche en el magnífico Estadio Único de La Plata, ante un lleno total, en un marco de fiesta, fue magnífico. Los Pumas arrancaron con ímpetu, pero si algo saben hacer los de negro es esperar y golpear cuando más duele. Haciendo una analogía con el boxeo, los All Blacks pegan pocas trompadas, pero las que llegan al rival lastiman.

Errores propios y forzados hicieron que Los Pumas perdieron el control en el inicio y eso marcó el destino del partido. Dos tries tempraneros en contra, la inhabilidad de convertir en puntos las oportunidades y Los Pumas la pelearon siempre de atrás. Los All Blacks se hicieron dueños del partido sin ser dueños totales de la pelota.

Frente a esta nueva y bienvenida impronta del seleccionado nacional hay que sumar una virtud de los tres veces campeones del Rugby Championship: la paciencia. Si bien Los Pumas han demostrado poder atacar con la posibilidad de generar oportunidades, da la sensación de que hay veces en que lo ideal es ir armando el ataque con precisión y ganando metro a metro en vez de, desaforadamente, querer llegar al try con cada posesión. El rugby moderno es eso: avanzar con lentitud pero con claridad hasta el momento de cambiar la velocidad. Los All Blacks esperaron el momento justo y marcaron puntos.

Siguiendo con la analogía del deporte de los guantes, Los Pumas pegaron muchas trompadas, pero pocas lastimaron a un rival bien plantado en el centro del ring, dominando el combate. La ansiedad por quebrar y golpear a los neozelandeses hizo de estos Pumas un equipo duro, difícil, pero vencible. "Tienen que aprender a cambiar el ataque en defensa y la defensa en ataque", daba su lectura el entrenador visitante Steve Hansen sobre la actualidad argentina. Con 32 victorias, un empate y una derrota a su nombre desde que asumió al frente del equipo, sabe de lo que habla. La pregunta es cómo se aprende de este equipo. Jugando y trabajando. La experiencia se suma y de ella se mejora. Es parte del proceso en el que está, hoy, el seleccionado argentino.

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