La persistencia del dólar como alternativa al peso

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La utilización de una moneda extranjera en paralelo con la moneda local es un fenómeno generalizado en economías con historia de inestabilidad. En principio la divisa foránea, el dólar en nuestro caso, puede cumplir dos funciones en reemplazo de la moneda local: como medio de pago y denominador de los precios, o sea transaccional; y como componente del portafolio de activos de los agentes económicos, es decir; como reserva de valor. Esto último, conocido como dolarización financiera, ha predominado en nuestro país. Más allá de períodos altamente inflacionarios y exceptuando algunos sectores específicos, como la construcción por ejemplo, precios y transacciones continúan denominándose en pesos, sin haberse perpetuado una indexación automática y total al dólar.

El problema lo constituye entonces la dolarización financiera, donde el peso no logra imponerse en forma sostenida a causa de la falta de confianza derivada de su performance histórica. La alternativa a la pérdida de valor de la moneda local causada por alta y variable inflación es generalmente el dólar, que se ha vuelto transversal a todos los niveles de ingreso. La atracción del dólar reside en su bajo costo de transacción y rápido acceso al mercado externo, aún con restricciones cambiarias extremas, como la que representó el cepo.

Como digresión, puede preguntarse por qué los argentinos optan mayoritariamente por el dólar y no por una canasta de monedas. En principio, esto se debe a la familiaridad con el dólar como consecuencia de flujos comerciales y financieros que preponderantemente utilizan esa moneda, pero además la administración de una cartera con múltiples divisas requiere conocimientos e información más especializada que revertiría la ventaja de los costos de transacción.

En general, hay coincidencia en considerar negativas las consecuencias de la dolarización financiera ya que complica el manejo de la política macroeconómica. En particular, afecta la política monetaria y cambiaria. Un efecto conocido es la posibilidad de que los descalces entre activos y pasivos dolarizados puedan resultar en la insolvencia de los deudores netos a partir de una devaluación. Se ha observado una mayor incidencia de crisis bancaria en países más dolarizados, como así también un menor y más volátil crecimiento del producto bruto. Todo esto sin que se haya podido documentar ningún aumento en la profundidad del sistema financiero.

Para concluir deberíamos resaltar, sin embargo, que la dolarización no es un fenómeno totalmente independiente a las medidas de política económica adoptadas. Una política activa con tasas de interés en pesos que superen la expectativa de devaluación, aunque no eliminaría el fenómeno, tiende a reducir su incidencia. Tasas de interés negativas en términos reales en pesos explican la persistencia de la preferencia por el dólar, la cual se acentúa ante escenarios económicos de incertidumbre.

(*) Expresidente del BCRA

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