Una de las semanas más insoportables de 2012 se está consumando, donde habiéndose visto la primera rueda se han visto todas. Justamente, la antítesis de los mercados más apasionantes y dinámicos, que han convertido al gran tablero global en una planicie de la que no se pudo salir. Y a los indicadores comunes a todos, de negocios en contracción y búsqueda de terminar conservando la estabilidad de precios, se le agregan los considerandos que siguen dando vueltas reiterando lo mismo, uno y otro día. En general, se resume en una sola palabra -«expectativas»- y con éstas ya jugadas a que tendrían que surgir las novedades que se aspiran. Tanto del Banco Europeo asumiendo su función de ser el nuevo «basurero» de las finanzas europeas -arriando con los bonos tóxicos- y que desde la Fed se conduelan de sus flojos ratios para dispensar la tercera etapa, de ayudas monetarias a la economía. A pesar de ello, también se percibe cautela y escepticismo -por otras esperas frustrantes- y tanto los de Europa como en el Dow, no existió actitud de ofensiva. Solamente sentarse y esperar. La nota la dio el Bovespa, con avance fuera de marco -del 1,12 por ciento- que no fue imitado por nuestro Merval.
Aquí, mínimo de 2.358, máximo en los 2.386 puntos, con cierre de 2.382. Casi sin variar, apenas con un 0,12 por ciento en positivo en líderes (si bien hubo diferencias de «59» a «25», por las alzas). Tampoco existió cambio de marcha, reuniendo menos de $ 25 millones en negocios con acciones. «Algo» tendría que surgir, en las dos fechas finales: o la planicie y falta de entusiasmo volverá a mostrar una Bolsa con «la paz de los cementerios». El Merval, orando.
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