21 de mayo 2015 - 00:00

La política-farándula, blanco de otra queja de los obispos

Carlos Malfa
Carlos Malfa
 "Esta farandulización de la política resulta penosa". Casi enredado en el trabalenguas de la palabra, el secretario general de la Conferencia Episcopal Argentina, Carlos Malfa, reclamó en nombre de la Iglesia argentina que en las próximas elecciones nacionales se elijan candidatos por sus "ideas y proyectos" y no por su imagen mediática.

El pronunciamiento se da en medio de la intensa campaña presidencial y de los diversos procesos electorales que se desarrollan en las provincias, de manera desdoblada de la compulsa nacional de octubre.

Aunque evitó referirse a alguno de los candidatos presidenciales en particular, el secretario de la CEA señaló la necesidad de contar con "dirigentes con capacidad de diálogo y gestión, y que se ocupen en serio de los pobres".

La alusión pareció clara al fenómeno de Miguel del Sel, en Santa Fe; la postulación de "Cacho" Buenaventura como vicegobernador de Córdoba, y hasta la participación, la semana pasada, de Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa en el programa de Marcelo Tinelli.

Recordó, en este sentido, el documento "Las elecciones, exigencia de compromiso ciudadano", que la comisión permanente del Episcopado difundió en marzo pasado, en el que invitaron a los candidatos a "ofrecer sus propuestas, sin incurrir en agresiones".

En ese mensaje, la Iglesia señaló que "la elección de gobernantes, en los poderes ejecutivos y legislativos de todos los niveles, no debe ser el resultado del 'marketing'" y pidió a los ciudadanos a realizar "un ejercicio de elección responsable, donde se evalúe a los candidatos no por su imagen mediática".

Pero el frenesí de las elecciones activadas ya en varias provincias obligó a los obispos a adelantar la ratificación de ese mensaje, una acción que estaba prevista inicialmente para la próxima reunión de la comisión permanente.

"Los obispos de los distritos con elecciones anticipadas nos pedían algún pronunciamiento político, por eso creímos conveniente ratificar el documento de marzo antes de tiempo", revelaron ayer los religiosos en un encuentro con periodistas en la sede del Episcopado, que actuó como una especie de Casa de Gobierno paralela durante la presidencia de Roberto Ortiz, quien habitó esa propiedad junto a su familia entre 1938 y 1942.

El otro dato de la convocatoria fue la confirmación de la invitación que los obispos argentinos cursaron formalmente al papa Francisco para que visite la Argentina en la segunda mitad del año próximo, luego de que Jorge Bergoglio declinara por cuestiones de agenda participar del Congreso Eucarístico Internacional que se realizará en julio de 2016 en Tucumán, en el que la Iglesia argentina celebrará el Bicentenario de la Independencia.

En varias ocasiones, Francisco ya reiteró su intención de visitar su país natal el año próximo, aunque todavía no está confirmada oficialmente por la Santa Sede la fecha de su llegada, que incluiría también escalas en Uruguay y Chile tal como lo hiciera Juan Pablo II en abril de 1987.

A la espera de noticias vaticanas, la Iglesia ya comenzó a trazar un itinerario imaginario a la altura de Bergoglio, que podría incluir una celebración en un santuario masivo (podría ser Luján), una recorrida por alguna villa, y hasta una misa en el Mercado Central como la que encabezó Juan Pablo II a instancias del por entonces secretario general de la CGT Saúl Ubaldini. Tampoco se descarta su presencia en Cura Brochero, en sintonía la canonización del ahora beato cordobés.

"Tenemos una responsabilidad muy grande. Somos la Iglesia que le dio un Papa al mundo", reflexionó Malfa, quien además recordó el desafío de la Iglesia Argentina para el próximo trienio, basado en tres acciones concretas: misión, misericordia y alegría, para "bajar a la realidad cotidiana" los lineamientos de Bergoglio.

"Tenemos que subirnos al carro del papa Francisco", subrayó el también obispo de Chascomús.

Por el momento, lo más cerca que el Papa estará de la Argentina será durante su visita, en julio próximo, a Bolivia. Incluso, la posibilidad de que su escala incluyera una misa en la ciudad de Tarija, en el límite con nuestro país, había alimentado la esperanza de muchos argentinos de cruzar por Salta y Jujuy para participar de la celebración.

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