28 de octubre 2010 - 00:00

La reforma jubilatoria es ley, pero gremios reeditan hoy reto a Sarkozy

El Parlamento francés completó ayer la sanción de la reforma jubilatoria, con el voto del oficialismo conservador. Las protestas parecen ceder ante el hecho consumado, pero hoy los gremios intentarán fortalecerlas (abajo).
El Parlamento francés completó ayer la sanción de la reforma jubilatoria, con el voto del oficialismo conservador. Las protestas parecen ceder ante el hecho consumado, pero hoy los gremios intentarán fortalecerlas (abajo).
París - Los diputados franceses aprobaron ayer de forma definitiva la ley que retrasa en dos años la edad de jubilación y la fija en 62 como mínimo, en un polémico texto que acaba su trámite parlamentario en medio de nuevas convocatorias sindicales a protestas y huelgas para hoy.

Un día después de que recibiera el respaldo definitivo de los senadores, en la Asamblea Nacional la mayoría conservadora del presidente Nicolas Sarkozy y los centristas reunieron 336 votos frente a los 233 de la oposición de izquierda.

La entrada en vigor del texto queda ahora pendiente de la decisión del Tribunal Constitucional sobre el recurso presentado por el Partido Socialista, última etapa antes de que sea promulgada la ley por el presidente, lo que se prevé que suceda a mediados del mes próximo.

Para entonces, el derecho a la jubilación a los 60 años introducido por François Mitterrand en 1982 formará parte de la historia y los franceses no podrán retirarse antes de los 62. O a los 67, frente a los 65 actuales, si quieren cobrar su pensión sin descuentos, según una ley que irá aplicándose de forma progresiva hasta 2018.

Continuidad

«El Gobierno ha ganado la batalla, pero el combate prosigue», aseguraron los legisladores socialistas, que mostraron su intención de restablecer la edad mínima de jubilación a 60 años si vuelven al poder.

El ministro de Trabajo, Eric Woerth, que defendió el texto en las dos Cámaras, acusó de irresponsabilidad a la oposición por no sumarse a una reforma que considera imprescindible, como, según alega, pone de manifiesto el hecho de que todos los países vecinos lo han aprobado o están haciéndolo.

El primer ministro, Fran-çois Fillon, aseguró que el texto aprobado «aligerará el peso del déficit sobre las siguientes generaciones» y «blinda el régimen jubilatorio de reparto frente a las consecuencias del envejecimiento demográfico».

«Nuestros ciudadanos pueden mirar el futuro de sus pensiones con algo más de serenidad. Podemos decir a nuestros hijos que asumimos esfuerzos para que ellos no tengan que hacerlo en nuestro lugar», agregó el jefe del Gobierno en un comunicado.

La satisfacción en el campo gubernamental contrastó con la rabia de la oposición de izquierda y los sindicatos, que han visto cómo su esfuerzo constante de movilización de sus bases no ha servido para detener la ley.

Hoy tendrán una nueva ocasión de mostrar el nivel de sus fuerzas en la undécima jornada de protesta desde que en marzo pasado comenza-ron su pulseada contra el Ejecutivo.

El frente sindical parece resquebrajarse, y algunos sindicatos ya han asegurado que la adopción del texto en las Cámaras debe suavizar la protesta, mientras otros apuestan por radicalizar el movimiento.

Negociaciones

Los más dialoguistas consideran que la movilización de la calle poco puede hacer contra un texto convertido en ley, por lo que se muestran favorables a pasar la página sobre las pensiones y entablar negociaciones con el Gobierno sobre otros puntos de fricción.

Resta por saber en qué quedarán los frentes abiertos en diversos sectores estratégicos con los que los sindicatos más radicales amenazaron con paralizar el país.

Las refinerías, que pusieron en jaque al país al detener su actividad y crear problemas de abastecimiento, van, poco a poco, recobrando la normalidad con el sentimiento de muchos de sus trabajadores de haber sido abandonados por el resto de los sectores. Pese a todo, siete de ellas continúan en huelga a la espera de que el paro general convocado para el jueves revive el movimiento.

Rutina

Los estudiantes, otro de los semilleros de manifestantes de los sindicatos, constataron el martes que su poder de convocatoria no es tan grande como pensaban, sobre todo en período vacacional.

Las ciudades más afectadas, como Marsella, donde los trabajadores de recolección de basura provocaron el caos, también recobran su rutina como si el movimiento perdiera aire.

En los trenes, donde el paro indefinido dura ya 17 días, se prevé la anulación del 20% de los de alta velocidad y del 40% del resto, un nivel inferior al de otras convocatorias.

En los aeropuertos se anulará la mitad de los vuelos de Orly y un tercio de los del resto de los aeropuertos, mientras que los puertos marítimos estarán perturbados.

Agencias EFE, Reuters, AFP y ANSA

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