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La revolución de los inodoros de Bill Gates
En una feria organizada recientemente en Londres se discutieron las innovaciones en salud con mayor impacto para el año 2020. Los premiados no fueron proyectos de altísima tecnología o cuestiones que apunten a resolver las enfermedades más complejas, sino soluciones hogareñas que podrían revolucionar la salud de los que menos tienen. Efectivamente, los ganadores fueron un kit para hacer anteojos caseros y un sistema para construir uno mismo su propio baño. Casi al mismo tiempo y tras un largo y provechoso periplo promoviendo la salud mundial, Bill Gates decidió donar u$s 42 millones en becas e incentivos a universidades e inventores para desarrollar un nuevo tipo de inodoro. El objetivo: que sea fácil de construir, que no requiera agua, que sea seguro y, más importante, que sea accesible a los más carenciados.
Muertes prevenibles
En el mundo hay 2.600 millones de personas sin baño: 40% de la población mundial. Esto cobra anualmente la vida de 1,8 millón de niños menores de 5 años. Estas 4.000 muertes diarias son completamente prevenibles mejorando la calidad del agua y los sanitarios. Gates advirtió claramente que este problema no tiene solución, al menos dentro de este siglo, de no modernizarse algo tan elemental como el toilette, que sustancialmente sigue invariable desde su invención por Samuel Prosser en la Inglaterra del siglo XVIII. Esa innovación fue un hito en la historia de la supervivencia de la raza humana sobre la Tierra; masificar el uso de sanitarios podría repetir la proeza.
Nuestro país no es ajeno al problema. De acuerdo con los datos de la Encuesta Permanente de Hogares, en los grandes aglomerados urbanos como Gran Rosario, Gran Córdoba y Gran Buenos Aires (excluida la Ciudad de Buenos Aires), entre un 9% y un 13% de los hogares poseen inodoros sin descarga o directamente letrina. Y en estas urbanizaciones la mitad de los hogares desaguan a pozo ciego y carecen de red cloacal. Por otro lado, un 4% de las familias tiene su baño o letrina fuera del hogar, y un 2,5% de las casas comparten el baño con otras viviendas, con las imaginables consecuencias en la transmisión de diarreas, hepatitis y parásitos.
Problema social
La falta de cloacas e instalaciones sanitarias constituye un serio problema social. En los hogares donde hay inodoro y cloacas viven en promedio 2 niños mientras que en aquellos con inodoro sin descarga o letrina, y sin cloacas, en promedio viven 3 niños. Por otro lado, las casas con letrina poseen casi el doble de miembros que aquellas con inodoro y cloaca adecuados. Y la falta de sanitarios y cloacas se asocia fuertemente a la pobreza y a sustanciales reducciones de la esperanza de vida. Por sus dimensiones, la cuestión es más grave en el conurbano bonaerense, donde, a pesar de los avances, el Riachuelo permanece como testigo incontestable de la deuda pendiente.
La Comisión de Economía de la Salud de la Organización Mundial de la Salud había estimado que cada dólar invertido en cloacas y agua segura redituaría entre 8 y 37 veces en ganancias sociales. Y todo indica que este negocio sería inmune a los vaivenes financieros. Solucionar definitivamente el problema de aguas en nuestro país es indudablemente una prioridad. Hay que sumarse a la inminente revolución sanitaria.
(*) Doctor en Medicina. Fundación Pensar


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