“La Salamanca”: festivo y popular

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«XXII Festival La Salamanca 2013». (Escenario Jacinto Piedra, club Sarmiento de La Banda, Santiago del Estero; del 31 de enero al 4 de febrero).

Alguna vez, hace más de cinco décadas, Cosquín impuso el modelo. Allá y entonces, alguien pensó que una buena forma de sacarle el mote de pueblo dedicado a recuperación de enfermos de tuberculosis era intentar con un festival folklórico y, de paso, la localidad serrana se sumaba a una explosión comercial que tuvo en la pasada y lejana década del 60 la música con base en lo regional, aquello que la industria y el periodismo de entonces bautizó como «el boom del folklore».

Pasó el tiempo, pero aquella vieja idea plasmada en el Valle de Punilla, lejos de achicarse se fue expandiendo a los más recónditos lugares del país, ciudades y pequeños pueblos, sobre la base de antiguas fiestas populares o sin ese sostén histórico. Así, cada verano, la Argentina se llena de festivales, apuntados fuertemente a un género o con criterio más amplio; y de algún modo también fue Cosquín el que, al abrirse a «otras músicas», dio el permiso como para que otros se animaran a pensar en términos de encuentros musicales «ecuménicos» más que en estrictas fiestas folklóricas.

De la camada «joven» de festivales, aunque ya con más de dos décadas de recorrido, «La Salamanca» tiene hoy un lugar muy bien ganado en la agenda y la impronta de esa variedad. Y aunque todo es materia opinable -básicamente, entre quienes votan por un festival más puramente folklórico y los que celebran la apertura hacia otros géneros-, mucho más aún cuando este tipo de propuestas se arman con los dineros públicos, la fiesta crece año a año.

Por el lado de los elementos que unen a este festival santiagueño con otros encuentros que colman los meses de enero y febrero, está el de la extensión de cada noche. Pensada para espíritus y cuerpos muy resistentes, como en una exigencia maratónica que pone a prueba la energía de técnicos, organizadores, funcionarios, periodistas, colaboradores varios y, especialmente, el público, cada jornada se extiende por más de ocho horas, desde las 22 hasta las primeras luces del día siguiente y el calor de La Banda empieza a hacerse otra vez más inclemente.

Este festival se realiza en el predio de la cancha de fútbol del club Sarmiento. Sobre una de sus cabeceras, donde alguna vez hubo un tinglado de madera, hay ahora un sólido escenario de hormigón, alto, de buen tamaño, que permite ver muy bien desde distintos lugares, aun desde los más alejados de los artistas. Con sus ventajas y sus desventajas, esta impronta popular de «La Salamanca», que pone sólo a algunos pocos en los asientos VIP y a la gran mayoría con sus sillas playeras o sus lonas sobre el pasto -a $150 o $80, respectivamente; algo abaratado en el formato «abono»- transforma esto mucho más en un festejo de encuentro entre vecinos que en un espectáculo profesionalizado y distante. Ese escenario lleva el nombre de Jacinto Piedra, un cantautor santiagueño con proyección nacional que se llamaba en realidad Ricardo Gómez Oroná, reverenciado aquí por todos, que murió muy prematuramente en 1991 cuando no había llegado a los 40 años.

La convocatoria, por cierto, depende mucho de quiénes sean las figuras centrales de cada jornada. En ese sentido, la explosión de público se notó muy especialmente en la segunda noche, con la presencia del fenómeno del momento Abel Pintos, y en la de cierre, con La Nueva Luna y el Chaqueño Palavecino.

A manera de resumen podemos decir que hubo muchos artistas locales que todavía no han alcanzado estatura nacional y una muy larga nómina, también, de otros que se conocen no sólo aquí sino en otros lugares del mundo. De tal modo, las cinco noches de «La Salamanca» vieron desfilar, entre muchos otros, a Luciano Pereyra, Sergio Galleguillo, Peteco Carabajal (siempre una garantía de fiesta popular), Abel Pintos (quizá el más «exitoso» de todos), Marcela Morelo, Néstor Garnica, el clásico Dúo Coplanacu, el atamisqueño Leo Dan, que vuelve al pago como una leyenda viviente, Los Manseros Santiagueños (próceres aun entre el público más joven), Los Tekis con su flamante rock folklorizado, Horacio Banegas, Canto 4 (algo así como unos nuevos Nocheros en fuerte ascenso), Motta Luna (un mimado de Mercedes Sosa), la española Rosana (que empezó tibiamente y terminó poniéndose al público en el bolsillo con su pop ibérico algo demodé), Los Carabajal, Mario Álvarez Quiroga, Raly Barrionuevo (profeta absoluto en su tierra, en un festival al que jamás faltó), Bruno Arias, Los Huayra, el humorista Cacho Buenaventura (de muy buena faena), el Duende Garnica, Jean Carlos, además de los citados Palavecino y La Nueva Luna.



* Enviado Especial a Santiago del Estero

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