- ámbito
- Edición Impresa
La seguridad no es facultad del PRO
El problema, entónces, no parece la lógica protección del presidente de la Nación sino cierto ambiente enrarecido que alimentan explicaciones casi con vergúenza que funcionarios lanzan sobre los lógicos cuidados al primer mandatario. Despues de los piedrazos a la comitiva presidencial en Mar del Plata (riesgo que sufrió tambien María Eugenia Vidal) se aceleró la definición de la compra de un vehículo blindado para trasladar a Macri. El PRO se desahace en estas horas intentando minimizar esa medidas de seguridad, cuando en realidad ayer Macri concurrió al acto en Mercadolibre custodiado, como corresponde, por agentes de todo tipo incluidos del Grupo Halcón,
El gobierno no quiere mostrarse inquieto y de hecho no existen miedos concretos sobre la seguridad física del presidencia, sino que mas bien hay temor a escraches que la política le organice en sus desplazamientos por el país.
En realidad, todos esas explicaciones oficiales actuan como un pedido de disculpas que el gobierno nunca debería dar. Con piedras en Mar del Plata o sin ellas el presidente de la Nación debe ser custodiado en todo momento y de hecho es una falla gravísima que no se movilizara desde el primer día de su mandato en un vehículo blindado. Ejemplos sobran en el mundo. "La Bestia" que Barack Obama lleva a cada país que visita, se vieron dos en Buenos Aires que hicieron la delicia de porteños, son quizás un exceso de tecnología, pero de allí a circular en una camioneta sin medidas de seguridad extremas hay una largo trecho.
Tampoco parece estar bien cuidado el presidente en sus desplazamientos aereos. Hace una semana Macri estuvo expuesto, sin saber en el momento, a un peligrom mayúsculo cuando falló uno de los aceleradores de turbina del Tango 02, un Foker F 28 que tuvo fecha de salida en la fábrica holandesa en 1983, aunque haya tenido luego innumerables upgrades. La compra de un nuevo avión oficial tampoco es tema de orgullo o vergúenza de un gobierno para mostrarse austero, sino de una política de Estado sobre seguridad presidencial que en los países avanzados ni siquiera es potestad del gobierno de turno.


Dejá tu comentario