• CIERRE DE LA HEPTALOGÍA DE RAFAEL SPREGELBURD EN EL TEATRO CERVANTES La complejidad y la duración de esta obra del dramaturgo, director y actor argentino son un estimulante desafío intelectual para el espectador.
la terquedad. Último título de la Heptalogía de Spregelburd, basada en los pecados capitales de El Bosco.
El estreno de "La terquedad" en el Teatro Nacional Cervantes combina una sumatoria de factores: la obra esperó diez años para desembarcar en la Argentina en idioma original luego de haberse presentado en Fráncfort, París, Ginebra y Valencia. Fue escrita por Rafael Spregelburd a pedido de la Bienal de Fráncfort, con un libro que contemplaba cinco actores que hacían todos los papeles y terminó montándose aquí con trece, uno para cada personaje. Cierra la Heptalogía de Hieronymus Bosch (El Bosco), un conjunto de obras sobre la "Rueda de los Pecados Capitales", y basada en un caso real: el de un comisario valenciano que, en los años '70, inventa una lengua artificial. Fascista confeso, el hombre sostiene que el problema del mundo es que la gente no se entiende y por eso crea un diccionario que intenta imponer, como un nuevo esperanto, una lengua a la que desprecia porque le fue mejor que a él.
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Con tres horas de duración, "La terquedad" se destaca en todos sus aspectos formales: el ambicioso libro, los ricos personajes, la excelencia de su seleccionado de intérpretes y, lo mejor, una escenografía giratoria que invita a espiar los ambientes de una casa de dos plantas. Una vez que se descubre esa sorpresa, se comienza a desentrañar el interrogante central: ¿cuántas son las cosas que ocurren al mismo tiempo?
Los debates giran en torno a la lengua, la ética, la estética, la religión o los adelantos tecnológicos para mejorar la salud, pero no el alma. El recurso escenográfico habilita, entonces, la yuxtaposición de escenas que permiten espiar, a través de una puerta entreabierta, cuestiones que ya se vieron o volverán a ser vistas más tarde, pero desde otra perspectiva o con otra información a mano del espectador. Dicha simultaneidad evidencia gran esfuerzo de ensayos y concentración para que todo funcione como un mecanismo de relojería.
Spregelburd se puso, cual maestro de orquesta, en el personaje principal (Jaume Planc, el comisario), y además dirigió esta obra descomunal, algo que se comienza a entender cuando él mismo explica que escribe pensando en la actuación, y que la dirección la pone en un lugar secundario y desacralizado. La obra requiere entrega total por parte del espectador.
La velocidad de los parlamentos sobre filosofía y dialéctica, sumados a los diferentes idiomas que se hablan o insinúan, como el ruso, el inglés y hasta el dialecto valenciano, apuntan a un público que sabe que asiste a una experiencia difícil de olvidar, cuyos 180 minutos fluyen entre el disfrute, la sorpresa y el asombro. Se demora, quizás, en entrar en el juego, pero cuando eso ocurre nadie querrá dejar de averiguar sobre el entramado y los personajes. Se brindan pequeñas dosis de información que sólo se dilucidan de manera completa (lo que es mucho decir) en un final poético.
Con funciones agotadas de jueves a domingos a las 20, en la sala principal María Guerrero, no asiste público desprevenido. Son muchos los grupos de alumnos de escuelas de teatro y cine, más artistas que saben que no pueden perder este hito en el teatro oficial. El resto de la Heptalogía se compone por "La inapetencia", "La estupidez", "La extravagancia", "El pánico", "La paranoia" y "La modestia". No estaría mal pensar en reestrenarlas tras este broche de oro, que permanecerá en cartel hasta el 11 de junio antes de iniciar una gira por el interior.
"La terquedad". Libro y dirección: R. Spregelburd. Int.: R. Spregelburd, D. Velázquez, P. Gamboa, A. Couceyro, P. Contreras, P. Seijo, A. Garrote. Teatro Cervantes.
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