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La vieja guardia vuelve con Raúl (y Fidel aclara que aún influye)
En una imagen del 21 de enero pasado, Raúl Castro dialoga con el ahora defenestrado y entonces canciller Felipe Pérez Roque, en el aeropuerto José Martí.
El ex presidente cubano Fidel Castro, quien debió alejarse del poder en 2006 a causa de su delicado estado de salud, emitió ayer una de sus habituales «reflexiones», en la que dejó asentado que le fueron consultados los cambios y arremetió con duras críticas a los funcionarios desplazados que se tentaron con las «mieles del poder». Negó incluso que algunos de los echados hayan sido de su entorno, pese a que dos de ellos, Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, eran considerados de su máxima confianza (ver nota firmada por Fidel Castro).
Como parte de la reestructuración del gabinete, el vicepresidente Lage fue relevado de su cargo como Secretario del Consejo de Ministros (jefe de Gabinete, reemplazante de Raúl o de Fidel en su momento en viajes al exterior e incluso en funciones ejecutivas), así como el ministro de Economía, José Luis Rodríguez.
Para sustituir al primero de ellos, Raúl Castro nombró a un general poco conocido, José Ricardo, pero sin «facultades de decisión» ni «protagonismo» oficial, mientras que el segundo fue suplantado por Marino Murillo, ex ministro de Comercio Interior y antes viceministro de Economía.
Junto a Lage y Rodríguez, cambiaron los ministros de Comercio Exterior, Finanzas, Pesca, Sideromecánica y Trabajo por miembros del cuerpo militar. Quien aparece como la figura con más poder en el gabinete es Ramiro Valdés, aparentemente enemistado con Fidel Castro pero cercano a Raúl (ver aparte).
Los reemplazos en el Gobierno «están íntimamente vinculados con las transformaciones estructurales y de concepto que deben ser sometidas a la consideración y aprobación del VI Congreso del Partido», había dicho Raúl en diciembre. Entre los pocos sobrevivientes del equipo anterior, figura el presidente del Banco Central, Francisco Soberón.
«Las posibilidades de cambio siguen vigentes, ya que las nuevas personas designadas son muy cercanas a Raúl Castro», indicó el economista opositor, Oscar Espinosa.
«No creo que sea una señal seria de reestructuración de la sociedad, que es lo que se necesita. En lo inmediato no habría cambios significativos», dijo como contracara el disidente Manuel Cuesta, quien dio al Gobierno un carácter de «bombero», más dedicado a apagar fuegos que a tomar medidas de fondo.
León Padrón, otro crítico del régimen, opinó que Raúl dio una vuelta de tuerca «en aras de consolidarse y no se olvidó de conducir al país hacia las grandes transformaciones que mejoren la vida de los ciudadanos».
Más allá de las interpretaciones sobre la salida de los considerados hombres más próximos a Fidel Castro, para Peter Hakim, director del instituto norteamericano Interamerican Dialogue, estos cambios suponen una «señal para enseñar la autoridad» de Raúl.
Raúl Castro «siempre estuvo relacionado con la parte militar» y estos cambios significan «justamente darle más espacio a este grupo dentro de su Gobierno, se rodea de gente que es de su confianza», indicó.
Según Cuesta, además, aparte de «un refuerzo del blindaje militar del Gobierno» para «mantener el control sin fisuras» se observa, con el nombramiento de «personas básicamente vinculadas al PCC», una «reproducción del tipo de modelo de gobierno chino, estrictamente político-militar, a través de los militares y del Partido Comunista».
El objetivo, explicó, sería «buscar gente de absoluta lealtad en un momento en que quizás no haya grandes discusiones políticas, sino grandes decisiones políticas». «Raúl Castro es un militar, pero además no es alguien que tenga un liderazgo político en sí mismo, por lo tanto, necesita la mayor lealtad posible a la hora de tomar decisiones», advirtió.
Agencias AFP, Reuters y DPA


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