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La vigencia de Armando Discépolo
• "RELOJERO", EN EL TEATRO REGIO, CON DIRECCIÓN DE ANALÍA FEDRA GARCÍA
Osmar Núñez, Horacio Roca, Stella Galazzi, Federico Salles, Martín Urbaneja y Laura Grandinetti interpretan este clásico moderno, estrenado en los años 30.

A.F.G.: Si bien él la caratuló de grotesco faltan algunos elementos. Por empezar no hay inmigrantes sino hijos y nietos de inmigrantes. En cuanto a la figura de la animalización, esto es, que el personaje deviene animal, eso está presente pero mixturado con otras cosas. Es una obra tragicómica, donde en los momentos más dramáticos hay humor, lo que exige a los actores y espectadores pasar de la comedia al drama sin transición. Las situaciones deben asimilarse de manera precipitada y contrastante. El arco dramático de cada personaje es extremo, el que hacía bandera de algo al principio hace lo opuesto hacia el final.
P.: Es una obra pesimista.
A.G.F.: Lo es en tanto el espectador no siente alivio, queda la herida abierta y uno debe elegir qué hacer con eso. Aporta una mirada cruda; por ejemplo, uno de los personajes, Daniel, todo el tiempo está enfrentándose con lo que fue de joven, lo que deseó ser y lo que es hoy. Y también con lo que deseaba que fueran sus hijos y en lo que terminaron convirtiéndose. Está la angustia por la imposibilidad de que los hijos sean como esperan los padres y el hecho de que no existe reciprocidad amorosa ni generosidad recíproca de hijos a padres. También, en ese sentido, la obra es moderna porque plantea dilemas de hoy y cuestiones como una madre hablando de libertad sexual, algo escandoloso aún hoy. Ningún padre quiere enterarse de la vida íntima de sus hijos
P.: Esta obra es de las menos frecuentadas de Discépolo, ¿cómo la abordó?
A.F.G.: En general me enfoco mucho en la dirección de actores, y este texto no les deja respiro. Desde la puesta, espacio, luces y vestuario, busqué mixturar el hoy con el ayer. Tiene algo de época pero hay ambigüedad con el tiempo; no hago una reconstrucción historicista de cómo hablaban o se vestían sino que sólo tomé algunos rasgos de comportamiento . Parece una obra del pasado que bien podría ser de hoy.
P.: Usted dirigió obras muy disímiles. "Camaradería" de Strindberg, "Greek" de Berkoff, ahora "Relojero". ¿Hay algún rasgo estilístico en común que les da a sus puestas?
A.F.G.: Cada obra que encaro es muy distinta de la otra y hasta opuesta, pero a la vez hay un punto común. Por ejemplo, "El nombre", del noruego Jon Fosse, era delicada, mientras "Greek" era explosiva, expansiva, y hasta procaz y crítica. Hay algo que en varias obras trabajé y es lo tragicómico, estaba en "Greek", estaba en "Chiquito" de Luis Cano, y en ésta. Me interesa la mezcolanza de situaciones.
P.: ¿La convocaron para dirigir esta obra en el teatro oficial o la propuso usted?
A.F.G.: Ambas cosas. Tenía interés en trabajar Discépolo y además sabía de la intención del Regio por los autores argentinos así que hice una propuesta y la aceptaron.
P.: ¿Cómo fue su experiencia de trabajo en un teatro oficial?
A.F.G.: Fue un privilegio tener disponible seis veces a la semana, seis horas diarias, a los actores y equipo. Ese es un lujo que no se tiene si se trabaja en el circuito independiente del que vengo. En el off, uno se acomoda a las agendas de todos, que tienen otros trabajos. Acá nos pagan dos meses previos para ensayar y luego seguimos durante la temporada. No sabía cuan gratificante sería que, por contrato, estuvieran todos a disposición.


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