21 de abril 2017 - 23:31

La vigencia de Armando Discépolo

• "RELOJERO", EN EL TEATRO REGIO, CON DIRECCIÓN DE ANALÍA FEDRA GARCÍA
Osmar Núñez, Horacio Roca, Stella Galazzi, Federico Salles, Martín Urbaneja y Laura Grandinetti interpretan este clásico moderno, estrenado en los años 30.

La vigencia de Armando Discépolo
A la sombra de un Teatro San Martín cerrado, la escueta programación del Complejo Teatral Buenos Aires ofrecía sólo una obra ("El ritmo - Prueba 5", de Matías Feldman, en el Sarmiento), y desde anoche también "Relojero" (1933), la comedia dramática de Armando Discépolo, en la sala del Regio. Se esperan otras dos: lo nuevo de la Compañía Nacional de Fósforos, de Cristian Palacios, el 10 de mayo también en el Regio, y "El futuro de los hipopótamos" del grupo Krapp, el 29 de abril en La Ribera. "Relojero" tiene adaptación y dirección de Analía Fedra García, un elenco que integran Osmar Núñez, Horacio Roca, Stella Galazzi, Federico Salles, Martín Urbaneja y Laura Grandinetti, y música original de Gustavo García Mendy. Dialogamos con la directora.

Periodista: En la década del 30 Discépolo ya describía una sociedad en decadencia, contradictoria y escapista, con foco en el choque generacional.

Analía Fedra García: Es lo más moderno que escribió, y lo último. Lo hizo en la época de un teatro más moralista, que bajaba línea sobre el mensaje; en cambio esta obra aporta diversidad de miradas y complejidad, en la que nada queda resuelto para nadie. Los los personajes están inmersos en una crisis y evalúan de qué manera sobrevivir, con el dinero como motor fundamental para que disparen cada uno para cualquier lado. Hay además un enfrentamiento generacional que se daba entonces y se replica en la actualidad, aunque no creo que por los mismos motivos. En ese momento se escandalizaban porque la hija se iba a vivir con el novio sin estar casada.

P.: La relación padres e hijos cambió mucho. Hoy los hijos parecen más severos que los padres.

A.F.G.: Sí, y quizá esos hijos reproducen lo que hacían los abuelos, es algo cíclico que también está presente en la obra. Muestra cómo las diferentes generaciones se van enfrentando a diferentes situaciones. Lo que plantea Discépolo es que ninguna generación tiene nada resuelto; es un poco pesimista cuando muestra que todos terminan fracasando en algún aspecto. Pero no hace bandera de ninguna actitud moral o ética, sólo lo deja planteado. El conflicto lo tienen tanto aquellos que siguen la tradición como los que se rebelan; todos están en la encrucijada y sin salida.

P.: ¿Coincide en que se trata más de una comedia dramática que de un grotesco?

A.F.G.: Si bien él la caratuló de grotesco faltan algunos elementos. Por empezar no hay inmigrantes sino hijos y nietos de inmigrantes. En cuanto a la figura de la animalización, esto es, que el personaje deviene animal, eso está presente pero mixturado con otras cosas. Es una obra tragicómica, donde en los momentos más dramáticos hay humor, lo que exige a los actores y espectadores pasar de la comedia al drama sin transición. Las situaciones deben asimilarse de manera precipitada y contrastante. El arco dramático de cada personaje es extremo, el que hacía bandera de algo al principio hace lo opuesto hacia el final.

P.: Es una obra pesimista.

A.G.F.: Lo es en tanto el espectador no siente alivio, queda la herida abierta y uno debe elegir qué hacer con eso. Aporta una mirada cruda; por ejemplo, uno de los personajes, Daniel, todo el tiempo está enfrentándose con lo que fue de joven, lo que deseó ser y lo que es hoy. Y también con lo que deseaba que fueran sus hijos y en lo que terminaron convirtiéndose. Está la angustia por la imposibilidad de que los hijos sean como esperan los padres y el hecho de que no existe reciprocidad amorosa ni generosidad recíproca de hijos a padres. También, en ese sentido, la obra es moderna porque plantea dilemas de hoy y cuestiones como una madre hablando de libertad sexual, algo escandoloso aún hoy. Ningún padre quiere enterarse de la vida íntima de sus hijos

P.: Esta obra es de las menos frecuentadas de Discépolo, ¿cómo la abordó?

A.F.G.: En general me enfoco mucho en la dirección de actores, y este texto no les deja respiro. Desde la puesta, espacio, luces y vestuario, busqué mixturar el hoy con el ayer. Tiene algo de época pero hay ambigüedad con el tiempo; no hago una reconstrucción historicista de cómo hablaban o se vestían sino que sólo tomé algunos rasgos de comportamiento . Parece una obra del pasado que bien podría ser de hoy.

P.: Usted dirigió obras muy disímiles. "Camaradería" de Strindberg, "Greek" de Berkoff, ahora "Relojero". ¿Hay algún rasgo estilístico en común que les da a sus puestas?

A.F.G.: Cada obra que encaro es muy distinta de la otra y hasta opuesta, pero a la vez hay un punto común. Por ejemplo, "El nombre", del noruego Jon Fosse, era delicada, mientras "Greek" era explosiva, expansiva, y hasta procaz y crítica. Hay algo que en varias obras trabajé y es lo tragicómico, estaba en "Greek", estaba en "Chiquito" de Luis Cano, y en ésta. Me interesa la mezcolanza de situaciones.

P.: ¿La convocaron para dirigir esta obra en el teatro oficial o la propuso usted?

A.F.G.: Ambas cosas. Tenía interés en trabajar Discépolo y además sabía de la intención del Regio por los autores argentinos así que hice una propuesta y la aceptaron.

P.: ¿Cómo fue su experiencia de trabajo en un teatro oficial?

A.F.G.: Fue un privilegio tener disponible seis veces a la semana, seis horas diarias, a los actores y equipo. Ese es un lujo que no se tiene si se trabaja en el circuito independiente del que vengo. En el off, uno se acomoda a las agendas de todos, que tienen otros trabajos. Acá nos pagan dos meses previos para ensayar y luego seguimos durante la temporada. No sabía cuan gratificante sería que, por contrato, estuvieran todos a disposición.

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