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Lapacó y Soriano, una pareja perfecta en escena
Pepe Soriano y Claudia Lapacó provocan risas, comentarios y algún que otro sollozo sobre el final. Por más simples que resulten las peripecias de los personajes de “La laguna dorada”, el público siente que la vida está ahí y lo celebra.
En el tramo más reciente de su valiosa carrera, Pepe Soriano ha dado vida a una serie de viejitos "intratables" (el padre borrachín de "Mi bella dama", el anciano belicoso de "Visitando al Sr.Green"), personajes que supieron ganarse al público gracias a la humanidad que el actor supo imprimirles.
En "La laguna dorada", interpreta a otro cascarrabias de antología: un ex académico, divertido y pesimista, enemigo de las reglas sociales y sarcástico. Ya octogenario, Román tiene problemas de memoria y se siente inútil al no poder acceder a un empleo. Sólo encuentra consuelo en su esposa: la cálida y animosa Bel, un papel a la medida de Claudia Lapacó (en reemplazo de la española Charo López).
La obra describe la luminosa convivencia de un matrimonio ejemplar basado en la lealtad, la tolerancia y el respeto mutuo. Resulta envidiable ver cómo ambos enfrentan sus diferencias con humor, negocian sin recriminaciones y aportan a la pareja una cuota de fantasía y romanticismo.
Su autor, Ernest Thompson, expone con naturalidad y buen humor los problemas de la llamada tercera edad y deja abierta la posibilidad de cambiar estructuras. Así Román consigue hacer las paces con su hija Eva (Emilia Mazer), en el que quizás sea el último verano de su vida. Pero antes descubre con Tomy (hijo del novio de Eva) la contracara positiva del cruce generacional. El simpático adolescente (papel a cargo de Rodrigo Noya) termina haciendo muy buenas migas con el anciano tras un primer encuentro de mutuo rechazo.
Se podría objetar que el avance de estos vínculos se resuelve con demasiada premura y en muy pocas etapas, sin que se perciba un desarrollo en la evolución de los personajes. Sin embargo -y para ser sinceros- no es un obstáculo que impida disfrutar de esta emotiva comedia dramática, adaptada y dirigida por Manuel González Gil.
La versión cinematográfica de 1981, protagonizada por Henry Fonda, su hija Jane y Katherine Herpburn, incluía más incidentes y contaba con bellos paisajes naturales. Pero no se la extraña; Soriano y Lapacó son también una pareja soñada. Juntos provocan risas, comentarios y algún que otro sollozo sobre el final. El gesto pequeño, las réplicas hilarantes, la hija pronunciando la palabra "papá por primera vez en su vida, explican el magnetismo de esta pieza. Por más simples que resulten sus peripecias, el público siente que la vida está ahí y lo celebra.

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