21 de diciembre 2010 - 00:00

Largó Duhalde con críticas a los K y oferta de devolver el “orden”

Pantalla gigante en el lanzamiento de Eduardo Duhalde para reproducir su carrera en la presidencia. En este caso, para hacer revisionismo del día que asumió en ese cargo.
Pantalla gigante en el lanzamiento de Eduardo Duhalde para reproducir su carrera en la presidencia. En este caso, para hacer revisionismo del día que asumió en ese cargo.
Eduardo Duhalde inició ayer un camino incierto hacia la presidencial de 2011. Montó una puesta en escena para lanzar su candidatura, ensayó un discurso ordenador, cargado de autorreferencias y se esforzó por mostrarse como la mejor oferta anti-K.

En Costa Salguero, ante unas 5 mil personas, el ex presidente y ex gobernador ejecutó un libreto estudiado, con menciones a su paso por el poder entre 2002 y 2003, y terminó de definir el eje de su propuesta de campaña: la Biblia del orden público.

«Se puede poner orden sin tirar tiros. Ya lo hice en 2002», dijo el bonaerense, que obvió un detalle: durante su Gobierno se produjo la Masacre de Avellaneda, que terminó, tras un choque entre la Policía y grupos piqueteros, con dos jóvenes muertos: Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

Ayer, de hecho, amigos, compañeros y familiares de esos militantes se movilizaron a Costa Salguero para repudiar su intención de volver a la presidencia. Es más: entre los invitados estaba Alfredo Atanasof, por entonces jefe de Gabinete y quien, días antes de la represión policial, había anticipado una acción intensa de las fuerzas de seguridad.

No fue el único episodio pasado que lo asaltó: en la previa fue cuestionado por elegir para su lanzamiento el 20 de diciembre, a 9 años de los episodios que terminaron con el Gobierno de Fernando de la Rúa.

Aquel conflicto terminó con 33 muertos y siempre sobrevoló la sospecha de que Duhalde, por entonces senador, y días después presidente electo por la asamblea, motorizó las protestas desde el PJ bonaerense. Se justificó con el argumento de que lo había previsto para el viernes 17, pero que lo prorrogó porque para ese día se armó un encuentro de dirigentes de diferentes partidos para firmar un acuerdo de «políticas de Estado».

Luego, selectivo, prefirió invocar la versión más amable con su currículum: que fue el «piloto» que sacó al país de aquella tormenta trágica.

Repasó, con pretensiones didácticas, aquellos momentos de los que destacó, en particular, el objetivo de «pacificación». Esa es, volvió al presente, una demanda «pendiente» ante lo cual machacó con la idea de «orden».

Desde ese escalón saltó a un desafío a la Casa Rosada. «Si ellos no saben cómo hacerlo, que vengan como infinidad de veces a hablar conmigo, que les digo cómo se hace». Arrancó, en ese tramo, el mayor aplauso de la tarde.

Elenco

Frente a un atril, rodeado por jóvenes que portaban banderas argentinas y de las provincias, con un micrófono inalámbrico, Duhalde planificó un show ágil, moviéndose por el escenario, acercándose al público y usando, como soporte, videos que se transmitían en una pantalla detrás suyo.

En las primeras filas, el elenco estable duhaldista, aplaudía: Carlos Ruckauf, Luis Barrionuevo, Gerónimo «Momo» Venegas, Hilda Duhalde, Carlos Brown, Miguel Ángel Toma y Claudia Rucci seguían, desde el sector vip, el discurso.

Martín Redrado, posible candidato duhaldista en la Capital, el rabino Sergio Bergman -alguna vez hipercrítico del bonaerense-, el entrerriano Jorge Busti, Ramón Puerta, Gustavo Ferri, Alfredo Meckievi y, entre otros, Cristian Ritondo, completaban el staff que colabora -o tiene empatía- en la campaña del ex gobernador que seguirá todo el verano en la costa atlántica y a partir de marzo se ampliará al interior del país.

La crítica al Gobierno, respecto de la inseguridad, se topó con un imprevisto: horas antes, Cristina de Kirchner anunció el despliegue de 6 mil gendarmes por el conurbano bonaerense para combatir la inseguridad. Y, luego de su acto, Nilda Garré formalizó un giro respecto de las tomas, al anticipar que se desalojará el club Albariño. (ver pág. 13.)

Así y todo, apuntó directo a la Casa Rosada para plantear que «El mundo y la Argentina están sedientos de paz». Y, en esa línea, embestir sin eufemismos sobre la Presidente. «Estamos cansados de la violencia que se instala a partir de un Gobierno. Es fundamental el estricto apego a la ley».

Además del factor «orden» -paz y pacificación fueron los términos más usados en el discurso-, el ex presidente usó una referencia continental para atacar a los Kirchner gestando efectos espejo sobre otros presidentes de la región.

«En Chile, Brasil y Uruguay hay revolucionarios en serio y no de opereta, como tiene el oficialismo», cargó. Y se referenció en José Pepe Mujica, quien, dijo, pese a estar «preso en toda la dictadura, su mujer fue vejada y cuando sale, no sale a sembrar semillas de odio».

Antes, según el texto que había confeccionado su equipo de asesores, encabezado por Eliseo Verón, el ex gobernador había convocado a la «unidad nacional» incluyendo, en ese llamado, al «oficialismo». De hecho, se permitió decir que «este Gobierno también tiene cosas buenas y malas». Lo dijo luego de plantear que «los 90 no fueron negro o blanco».

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