18 de julio 2016 - 00:00

Larry Carlton dio otra lección de jazz fusión

Carlton. Hacía 30 años que no venía, pero el momento económico le jugó en contra y no pudo llenar el teatro.
Carlton. Hacía 30 años que no venía, pero el momento económico le jugó en contra y no pudo llenar el teatro.
Hacía más de 30 años que no venía por aquí, pero el momento económico jugó en su contra y no pudo llenar el Coliseo como merecía. El guitarrista Larry Carlton es un virtuoso que hace base en el jazz. De allí son las permanentes inclinaciones hacia la improvisación y buena parte de sus armonías. Sin ser negro, está cómodo en los terrenos del funk, el blues y del soul, y no faltan sus incursiones por el country. Precisamente, es toda esa mezcla la que termina dándole una impronta personal. Por economía de recursos, esta vez llegó solo a Buenos Aires. Los productores locales fueron quienes eligieron a sus compañeros para la ocasión, y no se equivocaron. El bajista uruguayo Daniel Maza, que desplegó un swing vertiginoso con el funk; el virtuoso pianista Gustavo Silva, un argentino que vivió en el exterior y no es tan conocido por aquí, y el baterista Jota Morelli, ex Luis Alberto Spinetta, Lito Vitale, Al Jarreau, Gloria Gaynor y Alex Acuña, entre muchas otras medallas en su historial, fueron un respaldo importante, fundamentalmente en lo armónico y en lo rítmico, para el lucimiento del guitarrista.

Sin disco nuevo por mostrar, el repertorio fue similar al que suele tocar en diferentes escenarios del mundo. Desfilaron así temas como "Mama can't Buy you Love", "Friday Night Shuffle", "Oui Oui Si", "March of the Jazz Angels", "Sunrise", "Gracias", "Walk With Me", etc. Y hubo hits como "Smiles and Smiles to Go", "Room 335" o "Sleep Walk". Sobre esas piezas, que sus laderos sudamericanos y su público conocen, Carlton hizo gala de su virtuosismo que no es acrobático, de su manejo del silencio, de la sutileza para "cantar" las melodías, de sus solos que lo mueven con comodidad entre el jazz y el rock. No distorsiona el sonido de la guitarra y usa la pedalera con elegancia y dejó espacio para que sus compañeros de escenario también tuvieran sus momentos solistas; al respecto, pareció genuinamente entusiasmado con ellos e hizo cómplice al público de ese entusiasmo.

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