16 de julio 2010 - 00:00

Las cárceles de los Castro: “Excrementos, ratas, alacranes”

Ricardo González, junto a otros ex presos políticos, describió las autoflagelaciones en que incurrían los detenidos para evadir un castigo atroz. A su derecha, lo escucha Lester González.
Ricardo González, junto a otros ex presos políticos, describió las autoflagelaciones en que incurrían los detenidos para evadir un castigo atroz. A su derecha, lo escucha Lester González.
Madrid - Un grupo de ex presos políticos cubanos que llegaron esta semana a España realizó ayer una cruda descripción de las terribles condiciones de detención en la isla comunista, al tiempo que volvieron a criticar las condiciones en que fueron recibidos en Madrid.

«Hemos vivido entre ratas, cucarachas, escorpiones y los excrementos», declaró Julio César Álvarez, periodista de la radio cubana de 65 años, que purgó hasta la semana pasada una pena de quince años de prisión por haber colaborado clandestinamente con medios norteamericanos.

«La situación de higiene y de salud no es pésima, es más que pésima; hemos vivido con ratas, con cucarachas, con alacranes, con la mierda, con el excremento», dijo en conferencia de prensa con otros cinco ex presos políticos liberados en el marco de un acuerdo del régimen que preside Raúl Castro y la Iglesia. En suma, 52 disidentes serán liberados en hasta cuatro meses, con lo que, según algunas organizaciones internacionales, podrían no quedar presos de conciencia en Cuba. Ayer llegaron a Madrid otros dos presos, por lo que ya son once los exiliados. Se estima que una decena de disidentes no aceptará dejar la isla, en tanto que muchos otros viajarán luego a EE.UU.

«La alimentación es particularmente horrible», reveló Álvarez. «El almuerzo que llega a las 10 está hecho de las 2 a las 3 de la madrugada; el picadillo era peste, llegaba con los cascos, mezclado con tierra. Los caldos se llamaban caldo de jirafa, porque se te estira el cuello para ver lo que hay dentro», testimonió.

La humedad y las filtraciones de agua en celdas donde se amontonaban de 36 a 40 presos son constantes, añadió Ricardo González, 60 años, condenado a veinte años de prisión por haber sido corresponsal clandestino en la isla de la organización Reporteros sin Fronteras (RSF). «Las infiltraciones eran permanentes, con una humedad que nos afectaba. Teníamos que improvisar canales con náilon para que las aguas servidas y las filtraciones no caigan desde arriba, encima nuestro», explicó.

Los presos políticos, que el régimen castrista no reconoce, comparten prisión con los de delitos comunes, y fueron ubicados en prisiones alejadas de sus familias para hacerles más difíciles la visitas, agregó.

Para el periodista clandestino Normando Hernández, de 40 años, que purgaba una pena de 25 años, el problema más grave en las prisiones son las «automutilaciones». Así, vio inmolarse a un preso con fuego, a otros meter orina en sus ojos, o petróleo en su cuerpo para que se ocupen de ellos, que los curen o, simplemente, para que les escuchen sus necesidades.

Estas condiciones causaban, según el relato, enfermedades crónicas, con epidemias de tuberculosis o dengue.

Las actuales condiciones de acogida en España, en un hostal «económico» de la periferia de Madrid, con lavatorios en los pasillos, baño compartido y habitaciones ruidosas, siguen incomodando a los disidentes. «En el cuarto que tenemos se escucha el ruido del pasillo, la puerta que cierra; no me siento con la privacidad que requiero para estar con mi hija, mi esposa, después de 7 años» sin verse, declaró Hernández.

«Estamos aquí en España en un vacío jurídico», destacaron, porque los disidentes no entraron en España como refugiados políticos, pero tienen la posibilidad de iniciar trámites para pedir ese estatuto.

Agencias AFP y ANSA

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