Los dirigentes del fútbol argentino insisten con vivir en una burbuja tan ficticia como irreal. Pretenden hacer negocios con la pasión de los argentinos sin tener un producto atractivo vendible.
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Este fútbol argentino navega sobre un mar de incertidumbre que provoca divisiones y grietas que se buscan ocultar. Un fútbol argentino dividido entre la AFA y la Superliga, una fútbol dividido entre equipos grandes y las Ligas del Interior, una AFA cuyo poder se lo disputan entre el presidente Claudio "Chiqui" Tapia y el vicepresidente y titular de Boca, Daniel Angelici, no solo operador del Presidente de la Nación ante la Justicia, sino también el ejecutor de las decisiones que pretende implantar en el fútbol Mauricio Macri desde su más alta investidura.
Desde que la AFA fue intervenida las decisiones absurdas y erróneas se sucedieron una tras otra. Abundan, sobran. Ni con la mala imagen que dejó el seleccionado argentino en el Mundial de Rusia y la pérdida millonaria por la contratación y despido del técnico Jorge Sampaoli se dejaron de suscitar las ideas tan ambiciosas como delirantes. Primero fue la firma de un acuerdo con el Marbella Football Center para la creación de un centro de captación, asesoramiento y entrenamiento de las jóvenes promesas argentinas que residen en Europa, pretendiendo desconocer que a no muchos kilómetros de la Capital Federal se juegan ligas en donde al final de los partidos los jugadores no pueden bañarse por no tener agua caliente o ni siguiera agua.
Después, estos mismos ingeniosos dirigentes pensaron en contratar a Pep Guardiola para reemplazar al despedido Sampaoli, como si fuera tan fácil desprender al actual entrenador del Manchester City, del organizado fútbol de la Premier League inglesa, y pagarle lo que gana en ese país.
La última loca idea de los dirigentes fue la de llevar un partido de la Superliga a Qatar. Desde luego que no será un partido cualquiera, sino la gran final entre el campeón de la Superliga y el campeón de la Copa de la Superliga. Ahora viene la otra pregunta: ¿Por qué Qatar?. Hace algunos meses el emir Hamad bin Jalifa Al Thani habría comprado 28.000 hectáreas en la zona cordillerana de la Provincia de Río Negro y sería el nuevo vecino del magnate inglés Joe Lewis, amigo del presidente Mauricio Macri.
Además, por esa suma de casualidades, Qatar Airways se convirtió en el principal sponsor de la camiseta de Boca y estuvo a punto también de serlo en la casaca de River. Llevar esta final a Qatar resulta una pretensión tan audaz como ambiciosa, pero al mismo tiempo sospechosa, pues qué pasaría si los campeones resultan ser Patronato y Aldosivi, por nombrar dos equipos que ni tendrán conocimiento de su existencia los habitantes qataríes. Obvio que esto sería imposible que sucediera teniendo en cuenta el mapa del reparto de dinero que le toca a cada unos de los clubes participantes.
Más allá de las suspicacias, la Superliga y la AFA sueñan y apuestan a que los ganadores y los que definan en Qatar el máximo torneo sean dos equipos grandes. Pretenden copiar el modelo de los grandes equipos y ligas europeas, incursionando a un mercado potencialmente rico como es el de Medio Oriente, pero desconociendo o ignorando que ya no tienen un producto altamente vendible, sino que pueden ofrecerles un fútbol argentino desorganizado y devaluado como el actual.
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