Entiéndase: con la crisis el mercado cambió y no necesariamente para mejor. Un par de años atrás los políticos nos prometieron que a resultas del rescate y reforma del sistema financiero éste sería menos concentrado y más justo, pero lamentablemente parece haber ocurrido todo lo contrario. Entre todos los efectos indeseables que se dieron, pocos son tan injustos como el castigo que vienen recibiendo las mujeres. En 2007, ellas cubrían el 64% de los puestos laborales de Wall Street. Desde entonces por cada varón que se quedó sin trabajo se liquidaron cinco mujeres y al menos tres de las cinco más poderosas del sistema han sido forzadas a retornar a sus hogares. En 2000 el salario de las mujeres de finanzas alcanzaba a casi 64 centavos por cada dólar que ganaban los hombres, a fines de 2007 se redujo a menos de 59 centavos y la evidencia anecdótica sugiere que la situación empeoró significativamente. Tal vez los juicios por discriminación contra Merrill Lynch, Bank of America, Goldman, Citigroup, Bloomberg, etc. mejoren algo las cosas; pero la realidad es que hasta que no retornen los buenos tiempos el mundo financiero no será el mejor lugar para las mujeres. Más allá de la injusticia de lo que está aconteciendo, lo que deben entender los inversores es que hoy el mercado es otro, con integrantes y valores distintos a los que tenía hace 3 años. Así se han instalado nuevas verdades como el mantra que las malas noticias son buenas para el mercado. Se entiende entonces que el anuncio que por primera vez en siete meses el sector privado redujo su fuerza laboral fue recibido casi con alegría y con una suba del 0,21% para el Dow que cerró en 10.967,65 puntos, el retroceso del dólar al mínimo en ocho meses, un nuevo récord para el precio del oro y el desplome de la tasa de 10 años al mínimo desde enero de 2009.
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