7 de diciembre 2017 - 00:00

Las obsesiones de una nueva política

Washington - La estrategia para Medio Oriente de Donald Trump está en las antípodas de la de su predecesor Barack Obama, ya que regresó a una política de apoyo inquebrantable a Israel, tras un final de mandato de su antecesor marcado por la crisis generada por la negativa de Estados Unidos a bloquear una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenando la colonización israelí.

El nuevo embajador de Estados Unidos en Israel, David Friedman, es conocido por sus posiciones favorables a la colonización y Washington anunció su retirada de la Unesco, acusándola de ser antiisraelí.

Trump encargó a su yerno y asesor personal, Jared Kushner, que reviviera las negociaciones entre israelíes y palestinos, aunque tomó distancia de la idea de un Estado palestino. Los líderes palestinos no ocultan su frustración hacia la administración republicana e, incluso, amenazan con el cierre de su misión diplomática en Washington.

El mandatario considera que Irán es la principal amenaza en Medio Oriente y multiplicó declaraciones incendiarias sobre su papel "desestabilizador" en Yemen, Siria y Líbano.

Opuesto al acuerdo firmado en 2015 por las principales potencias con Irán para evitar que Teherán se dote una bomba atómica, amenazó con terminar el pacto "en cualquier momento" y se negó a "certificar" el texto, elogiado en su momento por Obama como "una oportunidad para ir en una nueva dirección".

Mientras los signatarios del acuerdo nuclear están tratando de salvarlo, Netanyahu felicitó al multimillonario republicano por su "valiente decisión" y Arabia Saudita elogió su "estrategia firme" contra un enemigo común, que es su gran rival regional chiita.

Trump renovó el vínculo de Estados Unidos con Arabia Saudita después de varios años de tensiones entre esa monarquía sunita y el Gobierno de Obama, acusado de favorecer un acercamiento con Irán.

La monarquía absoluta sunita, regida por el wahabismo, la versión radical del islam que alimentó a muchos yihadistas, encarna para Washington la estabilidad regional, a pesar de sus intervenciones militares en Yemen, actualmente, y en Bahréin en 2011.

En Egipto, Trump inició un acercamiento con su homólogo Abdelfatah al Sisi, que gobierna con mano dura desde 2013. La relación había sido tumultuosa en la era Obama, que había en parte suspendido la ayuda militar entre 2013 y 2015 después de la sangrienta represión contra los partidarios del expresidente islamista Mohamed Mursi después de su destitución.

El Cairo es un aliado cercano en la lucha contra el terrorismo y ocupa un lugar incuestionable en el conflicto israelo-palestino. Trump alabó en abril el "trabajo fantástico" de Al Sisi, aunque en agosto, Washington anunció el congelamiento de parte de su asistencia militar en espera de un "progreso en la democracia". En septiembre hubo otro cambio de rumbo, cuando Trump declaró que consideraría la reactivación de la ayuda militar.

Trump, que acusó a Obama de laxitud con el sirio Bashar al Asad, ordenó en abril la primera acción militar estadounidense contra el régimen en seis años de guerra civil

Agencia AFP

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