18 de diciembre 2009 - 00:00

Las respuestas al canje signarán el arranque del año

Los mercados internacionales deberán reflejar en 2010 un entorno económico más positivo. Los bonos argentinos, como es costumbre, vivirán el día a día.
Los mercados internacionales deberán reflejar en 2010 un entorno económico más positivo. Los bonos argentinos, como es costumbre, vivirán el día a día.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) será el árbitro de los bonos argentinos. Salir del default arreglando con los «holdouts» (bonistas que no aceptaron el canje) será una condición necesaria pero insuficiente.

No habrá nuevo financiamiento en el mercado internacional de capitales si el Gobierno argentino no acepta una inspección ortodoxa del FMI. La alteración de las cifras del costo de vida que afectó a los bonos indexados es un default encubierto.

Quien crea que el INDEC altera los índices de inflación porque el Gobierno quiere pagar menos intereses por su deuda se equivoca. El INDEC también altera las cifras de crecimiento del país y los cupones PBI, que van adosados a los bonos del canje de la deuda, pagan renta de acuerdo al crecimiento. Al estimar un crecimiento mayor al real, el país paga más de lo que debe por rentas del cupón. El resultado de ambos fraudes (inflación y crecimiento) es un mal negocio. La indexación de los bonos es una quita al capital que vence dentro de más de 20 años, en cambio la renta del cupón se paga al contado cada fin de año.

La realidad indica que el Gobierno utiliza al INDEC para mostrar que tiene un modelo económico que no genera inflación y oculta los índices de aumento de la indigencia y la pobreza. El INDEC ha dejado de ser un instrumento estadístico para pasar a ser político.

Pero el mercado se adapta.
Claro que el costo es que se fueron los inversores genuinos y quedaron los que están habituados al riesgo y a especular. Por eso los bonos han sido una excelente inversión en 2009. Al estar el dólar tranquilo permitió que los especuladores incursionen sin nervios por estas tierras. Esta quietud de la divisa garantiza que las ganancias en pesos luzcan. Cuando los bonos tomaron impulso, se sumaron algunos ahorristas que optaron por vender divisas y pasarse a bonos o plazos fijos. Lo que no tuvieron en cuenta es que a medida que suben los precios de los bonos, los márgenes de ganancia se reducen y los riesgos son mayores.

No es lo mismo aguardar las novedades de la reapertura del canje de la deuda con los bonos en precios de liquidación que después de subas que han llegado al 200% en el año.

Los primeros meses de 2010 van a estar signados por las novedades del canje. A pesar de que habrá mejores condiciones económicas en el mundo, va a ser un año volátil para los mercados locales porque los bonos viven el día a día. No son inversiones sustentables, sino que están en manos de inversores que se encuentran listos para entrar y salir. Su objetivo final es tomar ganancias en algún momento y volver al dólar.

Intención

Los bonos argentinos no tienen el mismo sentido que los de los países más estables, donde son activos que la gente compra para tenerlos en cartera y cobrar los cupones cada seis meses. En la Argentina son para comprar y vender cuanto antes. Se manejan como acciones o cualquier activo volátil.

Las arbitrariedades del INDEC sólo pueden continuar en 2010 si la Argentina se olvida del mundo.

El FMI no tolera los métodos de medición del organismo oficial y la primera recomendación para volver al mercado de capitales será que le devuelva la independencia al INDEC. Para eludir esta imposición, el Gobierno apuesta a la soja. Hay quienes imaginan que las retenciones por las exportaciones podrán aliviar la caja y devolver la fortaleza para enfrentar al FMI. Pero olvidan que el gasto público crece por encima de las tasas chinas y los subsidios condicionan la economía.

La derrota del Gobierno en las elecciones de junio hizo que acudiera a más subsidios para enfrentar conflictos gremiales. Por caso, el convenio de camioneros costó $ 500 millones adicionales; el fútbol, $ 750 millones, incluyendo la contratación de cámaras para televisarlo, y Aerolíneas Argentinas lleva perdida la mitad de la ayuda que se le da a la población de menores recursos. La lista de nuevos gastos es interminable y amenaza con crecer.

Y acá, como una operación de pinzas, aparecen las contradicciones de un modelo agotado. El Gobierno, ante tanto gasto, necesita dinero nuevo y debe acordar con el FMI, que le exigirá que baje el gasto y sincere el INDEC, dos de los pilares sobre los que el Gobierno construyó su modelo. n

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