11 de enero 2013 - 00:00

Lieja aplaudió a Karin Lechner y su trío

Lieja - La bella ciudad belga atravesada por el rio Meuse, patria de músicos célebres como César Franck, Eugène Ysa e y André Grétry, fue ayer la sede de un concierto de una extraordinaria intensidad. El protagonista fue el Trío Carlo Van Neste (llamado así en homenaje al gran violinista belga) integrado por la pianista argentina Karin Lechner, la violinista alemana Alissa Margulis y el cellista Alexandre Debrus, en un menú a la medida de los Conciertos del Mediodía que tienen lugar en el auditorio de la Universidad local. Efectivamente, la única obra en programa fue uno de los monumentos de la música de cámara universal: el «Trío en mi bemol mayor» D. 929 de Franz Schubert, llamado muchas veces a secas «el opus 100».

Desde el primer ataque se pudo advertir claramente la comunicación entre los integrantes del ensamble y la entrega que son capaces de desplegar. Tanto Margulis como Debrus poseen un sonido robusto, una afinación impecable y un fraseo generoso. Al piano Lechner confirmó una vez más su extraordinaria inteligencia musical, su capacidad de fundirse con el entorno y a la vez sostenerlo, siempre atenta a sus compañeros de ruta y sin perder la propia claridad discursiva.

El celebérrimo «Andante con moto» transcurrió en un clima de intimidad perfecta (con esa carga de emoción sincera pero nunca desbordada que caracteriza la obra del genial autor) en el que se percibió la fluidez cada uno de los músicos para vertir e intercambiar intenciones, articulaciones, dinámicas y expresión, aspectos que fueron por otra parte una constante a lo largo del concierto.

Cuando el público apenas se sobreponía, el Trío ofreció como bises dos de las «Estaciones porteñas» de Astor Piazzolla: «Otoño» y «Verano». Sin duda la experiencia de Lechner en esta estética fue clave para la constitución de una versión arrolladora en la que las cuerdas aportaron brillo y pasión. Así la música de la muy lejana Buenos Aires que hoy padece los tórridos tiempos estivales llegaba justo a tiempo para levantar la temperatura (por ahora afortunadamente no muy cruel) del invierno europeo.

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