Liliana Golubinsky, entre la crítica y la ironía sutil

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"Mi obra se basa en mi vida cotidiana, en todo lo que me rodea, en lo que pasa a mi lado... Cuando paseo observo lo que ocurre en la calle, nada me es indiferente y lo traslado al soporte". Esto es así desde hace muchos años cuando abordamos por primera vez la obra de Liliana Golubinsky cuya pintura invita a recorrer una galería de personajes a los que generalmente expone críticamente: desde sus primeras batallas medievales, las napoleónicas, soldadesca montada en caballitos de madera, gestas criollas hasta las batallas cotidianas libradas por hombres y mujeres en una sociedad hostil

Suave, tanto en inglés como su equivalente en castellano, significa suave, afable, también cortés. Así es la crítica de Liliana, jamás incurriría en lo despiadado o cruel.

Pero allí, en su pintura, están las abigarradas figuras que casi no se comunican, que defienden lo suyo, que temen perderlo todo, que sueñan con encontrar un paraíso.

Antes recurría a la escritura como medio expresivo, como complemento de lo esencialmente pictórico. Actualmente, en la muestra que se exhibe en Rubbers, cada tanto aparece una palabra que podría servir como pista para contarnos qué hacen tan disímiles personajes, apenas esbozados, generalmente pequeños, grotescos. Nunca están estáticos, que se mezclan con casitas, barquitos de papel, animalitos en la laguna, peces que saltan y serpientes que se enroscan a sus extremidades.

A veces los encierra en círculos, otras, están en distintos planos, gesticulan, vuelan, caminan, patinan, bailan, portan antorchas, se desparraman entre edificios por los que se cuela un avión.

Afortunadamente es imposible hacer una lectura lineal porque allí están sus sensaciones, pensamientos e imágenes que la artista vuelca casi como una confesión.

La mirada del espectador va de un lado a otro, contagiada por el ritmo vertiginoso de los cientos de protagonistas en acción que pueblan estas pinturas. Norberto Griffa en un prólogo de su muestra "Visiones" en 2010, señaló que "sólo metiéndose en ese torbellino es posible captar y disfrutar su obra como una navegación en medio de una constelación de signos"

Con el correr de su experiencia como artista, ha intensificado su cromatismo, el aparente impulso con el que delinea todo lo que ocurre en sus telas, en sus cajas-collage, en sus polípticos y en su intención de volver a la espesura de la materia como por ejemplo "Muñequito de torta". Otros de sus títulos "Miedo", "Los paraísos por encontrar", "Existir", "Pertenecer", expresan su sentir en el que se combinan la sutil ironía, la aguda observación de la realidad, el humor sin alardes, eso sí, siempre con ese "andar" suave que la caracteriza.

Clausura el 2 de agosto.

Av. Alvear 1595.

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