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Limpieza récord: el día después de los festejos, sin rastros en las calles
Al día siguiente de la entronización, la ciudad de Ámsterdam amaneció totalmente limpia, sin rastros de la fiesta naranja que se vivió el día anterior.
En Plaza Dam, acordonada en su perímetro central y con menos custodia policial que los días anteriores aunque marcando presencia, cuadrillas de personas con chalecos fosforescentes trabajaban desde temprano desmontando el cubículo transparente que funcionó como set de TV durante las ceremonias.
El andamiaje y las estructuras montadas para los periodistas frente al Palacio Real, así como las grúas que sostenían una cámara que se desplazaba de lado a lado de la plaza, corrían la misma suerte mientras algunos curiosos disparaban insistentemente los flashes de sus cámaras fotográficas.
En el enorme shopping De Bijenkorf, a pocos metros de allí, terminaban ayer de sacar lo más rápido posible los decorados que engalanaron vidrieras las semanas anteriores a la gran fiesta popular.
El flujo de bicicletas que transporta desde elegantes trabajadores hasta estudiantes, en tanto, retomó su febril caudal característico en Museumplein, la plaza que el martes albergó a más de 100 mil personas en un concierto por el Día de la Reina.
Las calles no tenían rastros de fiesta excepto por algunas personas que aún portaban gorros naranjas -que eran pocas y probablemente turistas- y no se percibían fuera de la zona central indicios claros de que hacía sólo algunas horas gran parte de la ciudad era escenario de una monumental fiesta.
Pero claro que la realidad fue diferente en el Barrio Rojo, epicentro del desenfreno de los días anteriores, donde aún ayer los signos de la fiesta saltaban a la vista, aunque trabajadores municipales comenzaban recién con la limpieza del lugar y trabajaban contra reloj para que la ciudad luciera impecable.
Para los holandeses, el 1 de mayo es un día laborable como cualquier otro, pues los días festivos son el 30 de abril (la celebración real) y el 5 de mayo, que es el Día de la Liberación, por la capitulación de la Alemania nazi, por lo que la mayoría se dispuso a ir a sus trabajos como de costumbre.
Así, toda Holanda pasó de una jornada festiva y llena de emoción a la rutina diaria, sin dejar rastros de uno de los días más importantes de su historia.


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