Llega Obama: el Gobierno se divide entre demócratas y republicanos

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• DE SAN MIGUEL A CUMELÉN: LA NUEVA PATRIA QUE EL MACRISMO LE GARANTIZA AL EXPRESIDENTE
Aterriza el viernes y el gobierno festeja. Vacaciones presidenciales en el sur en enero. El problema de las relaciones con Trump en medio de la campaña. La grieta estadounidense se abre en Buenos Aires.

Barack Obama ejerce por estos tiempos el trabajo que la vida le reserva a todo expresidente que tuvo, en el mandato, algún nivel de éxito. En ese rol de conferencista de lujo, una profesión que Bill Clinton elevó a niveles de rentabilidad que pocos habían logrado con anterioridad, aterrizará este viernes en Córdoba, adonde llegará en vuelo directo, para cerrar la Cumbre de la Economía Verde 2017 que sesionará por dos días en esa ciudad, organizada por Juan Verde, presidente de la Fundación Advanced Leadership. Obama estará allí el viernes por la tarde en su doble rol de expresidente y Premio Nobel de la paz, después que hayan pisado ese escenario, entre otros, los premios Nobel de economía Edmund Phelps (2006) y Eric Maskin (2007).

Ese convite profesional sirvió para alimentar la pasión local por el expresidente estadounidense, mostrarlo en sintonía con Macri y, de paso, usarlo como corresponde en medio de la campaña. En materia electoral está claro que Obama rinde en estas tierras lo que jamás podría Donald Trump; aunque entre empresarios y otros cultores del circulo rojo el actual jefe de la Casa Blanca tenga su costado de interés en cuanto impacto en las urnas locales no hay comparación posible entre ellos.

Hay una noticia que explica con evidencia la relación que Obama comenzó a tejer con la Argentina y también con los Macri. De ese viaje presidencial del estadounidense al Llao Llao, donde los Macri lograron impecables fotos que recorrieron el mundo, quedó el sabor pendiente de una nueva visita en plan familiar de vacaciones. Se había especulado con un retiro este fin de semana de Obama con Mauricio y Juliana Awada en Cumelén que al final no se dio, aunque se mantuvo la expectativa para otra visita inminente. Junto a Michelle y sus hijas, el ex presidente norteamericano vendrá en enero a veranear a la Argentina y entonces sí se instalará en familia allí cerca de Villa La Angostura con los Macri como anfitriones. Cumelén, en realidad, fue puesto de moda dentro de la familia por el suegro de Gianfranco Macri, Juan Badessich, cuya casa luego fue comprada por Nicolás Caputo. No es allí, se asegura, donde se instalan Mauricio y Juliana cuando visitan ese country de montaña sino en una casa que le alquilan a Jaime Fernández Medero. Ahora pasará a consagrarse como destino de vacaciones de clase mundial.

El tramo fuerte de esta visita, de todas formas, llegará el sábado. Tras la escala cordobesa Obama vendrá a Buenos Aires. Está acordado un partido de golf con Macri en la cancha del country del hermano presidencial en San Miguel. Ese desafío con el estadounidense indica una señal positiva sobre la salud presidencial: Macri no viajó a Nueva York para hablar ante la Asamblea General de Naciones Unidas porque tenía aun resentida la rodilla tras la operación de agosto. Debe sentirse mejor el Presidente para animarse ahora a un paseo por los 18 hoyos.

El viernes por la noche esta previsto que el estadounidense haga las delicias de una centena de empresarios locales en un cóctel organizado en el Palacio Duhau, adonde invitan los Werthein y Lili Sielecki. Un poco mas tarde, allí mismo, Gerardo Werthein preparó una cena con Obama mas exclusiva aun.

En materia de relaciones internacionales, de todas formas, la euforia macrista por Obama, alimentada por el recuerdo de esa soñada visita al país antes del recambio presidencial en Washington, debe ser moderada por las responsabilidades que implica manejar el Estado y las relaciones comerciales. De todas formas a Trump solo hay que agradecerle por haber permitido que EE.UU. compre limones, aunque a cambio de que el país importe cerdos estadounidenses. Tres días después de eso, Trump le complicó la vida a Macri con el biodiésel.

Para manejar ese complicado intercambio con Washington la Casa Rosada eligió dividir el Gobierno entre demócratas politicamente digeribles y los duros republicanos. Ese último segmento parece haber quedado a cargo de Gabriela Michetti, siempre cumpliendo obligaciones en el exterior, aunque la Cancillería argentina no le caigan en gracia algunas muestra de creatividad e innovación que la vicepresidente exhibió en algunos de esos viajes. Macri se sacó ese tema de encima y le delegó a Michetti ocuparse de almorzar con Trump en Nueva York hace 10 días y hasta la habilitó a entablar una aceptable relación con Mike Pence, su vicepresidente. Una tarea que, en campaña, resulta indigerible para casi todo el PRO.

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