DIÁLOGO CON EL DIRECTOR CHRISTIAN BALDINI
Su obra maestra “Il prigionero” y el opus de juventud “Volo di notte” en un mismo programa, en tres funciones fuera de los abonos oficiales.
baldini. El director y compositor marplatense en un ensayo.
Como parte de la temporada lírica (aunque fuera del abono correspondiente) el Teatro Colón presenta desde el domingo, con más funciones el martes 25 y el miércoles 26, dos óperas de Luigi Dallapiccola: "Volo di notte" e "Il prigioniero". La primera cuenta con un elenco encabezado por Víctor Torres, Carlos Ullán, Daniela Tabernig y Sergio Spina. "Il prigioniero" estará protagonizada por Leonardo Estévez, Adriana Mastrángelo y Fernando Chalabe. La dirección de escena le corresponde al polaco Michal Znaniecki y la dirección musical a Christian Baldini, joven director marplatense de carrera internacional. Dialogamos con él.
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Periodista: ¿Qué diferencias estéticas y conceptuales encuentra entre ambas obras?
Christian Baldini: Son dos obras muy distintas que al mismo tiempo tienen mucho en común. "Il prigioniero" es una de las grandes obras maestras del repertorio. "Volo di notte" es una opera prima de un compositor de treinta y pico de años que había tenido influencias diversas. En su infancia, su familia tenía una situación económica muy precaria: a su madre le resultaba más fácil mandarlo a la Ópera que darle de comer. Luego descubrió la música de Debussy y eso sacudió su sistema interno como compositor, y algo similar le pasó al entrar en contacto con Schönberg. Hay una densidad gramática que puede haber heredado de Wagner como una liviandad de textura que viene tal vez de Debussy, y una influencia del "Schprechgesang" y su admiración por Schönberg. "Volo di notte" es una primera ópera maravillosa; a pesar de que uno podría decir que el argumento es anticuado es mucho más universal que eso, porque se pueden tomar las motivaciones detrás del argumento en cuanto a lo individual en oposición a lo colectivo, el interés y las exigencias de este capitalismo que tenía el director de esta empresa de aviación en la que el fin que él persigue justifica todos los medios. Y esto se relaciona en ambas óperas con la decepción que tuvo Dallapiccola con la situación política en el mundo y en su país.
P.: ¿De qué manera?
C. B.: Inicialmente se sintió muy atraído por algunos ideales del fascismo. Después, a medida que Mussolini se acercó a Hitler, sintió un quiebre. Allí empieza su música de protesta, de la que "Prigioniero" es el apogeo. Es una ópera en contra de la opresión. Incluso de alguna manera la metáfora de todos los ideales prometidos en este caso por el Carcelero que le promete esperanza es reflejo de ese desencanto que tantos intelectuales sufrieron con Mussolini.
P.: La posición de Dallapiccola dentro de la música del siglo XX es un poco particular. ¿De qué manera lo ubica?
C. B.: Él es un poco una bisagra que conecta varios mundos. Así como tuvo una gran influencia por Schönberg, Berg y Webern y se interesó por el dodecafonismo, lo hizo de una manera más libre. La búsqueda del lirismo siempre fue primordial para él. Hay cosas que incluso la segunda Escuela de Viena hubiera denigrado de su técnica dodecafónica, que no era estricta. Él siempre tuvo una personalidad humilde, se consideraba un principiante en esa técnica, pero la realidad era que su búsqueda era diferente.
P.: Al fin y al cabo era italiano...
C. B.: Sí, tiene un italianismo en sus líneas melódicas que es imposible de ignorar. Veo en él mucha influencia de la ópera tradicional. Él respetaba mucho a Puccini, escribió ensayos sobre Mozart, Wagner, Verdi. Al mismo tiempo, sin su música la de Nono y Berio no habría sido lo que fue. Su música puede ser transparente o contrapuntística, y asimila distintas influencias. Al mismo tiempo, cuando uno conoce bien su lenguaje lo identifica perfectamente. Es un compositor personal.
P.: Además de director, usted es compositor. ¿Cómo se influyen mutuamente estas dos tareas?
C. B.: Supongo que es algo que hacen todos los directores, pero tal vez me toca más de cerca por ser compositor y haber tenido gente que dirigiera mis obras, y haber estado muy contento muchas veces y otras haber pensado "Por qué no habrán hecho lo que yo quería", o "Cómo volcar esto en la partitura para que sea más claro", que haya menos vaguedad. Como director trato de entender qué es lo que busca el autor. Si bien ser fiel a la partitura es importantísimo, hay que tratar también de tener la flexibilidad y la inteligencia de no quedarse en un chaleco de fuerza. La composición siempre me ayudó a desarrollar una mente analítica, que también es algo normal para cualquier director, pero estar del otro lado, planificar una obra y pensar estructuralmente qué va a pasar ayuda también. Nunca sentí que el compositor y el director se quitaran espacio ni tiempo sino que siempre trabajaron re-energizándose mutuamente.
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