Mar del Plata - “La educación de los cerdos” es un título llamativo. No está oficialmente en el Festival, convive con él, y es la nueva película de Eduardo Pinto, un drama familiar con Luciano Cáceres, Tupac Larriera y, entre otros, el Búfalo Ortiz, expirata del asfalto, ex presidiario, campeón mundial de kickboxing y actualmente músico. Se da hoy en único día en una sala alternativa, a la espera de próximo estreno.
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Llegó Bayona a Mar del Plata y habló en un sala colmada
También conviven con el Festival, pero algo más oficialmente, la Universidad marplatense con su habitual maratón “24 horas de cine nacional” (ahora dividida en tres jornadas de 8 horas cada una, lo que le resta gracia) y Cultura
de la Provincia, con charlas, proyecciones en el Museo del Mar,
y el lanzamiento de Bafilma,
plataforma gratuita con más de 500 títulos y otros materiales.
Para hoy se prevé una charla pública de Graciela Borges, y es tal la expectativa que quizá la sala del Centro Chauvin le quede chica. La de Juan Antonio Bayona fue en el Colón, prolongando el entusiasmo de sus seguidores, que han acogido “La sociedad de la nieve” con gritos de euforia (al comienzo, en el momento del rescate y al final) y llenos completos de las dos funciones. De esa charla, recogimos los siguientes párrafos:
“Mi primer encuentro con el cine fue a los 3 años, en una sala que era un palacio. Recuerdo la imagen de Superman volando y el alboroto a mi alrededor. Así empecé a ver cine, y hubo un tiempo en que, al acostarme, temía que apareciera Jack Nicholson con un hacha, y buscaba la protección de mi hermano gemelo. A los 8, en un viaje de dos días a los Pirineos (¡la primera noche fuera de casa, algo tan importante para un niño!) el profesor nos mostró “Frankenstein”, nada menos. Pero antes nos dijo que el director no quería filmar la primera escena, y se la impusieron. Ahí supe que en las películas hay un director, y gente que lo obliga a hacer lo que no quiere”.
“Mi primer corto, “Mis vacaciones”, contaba de un niño que se toma unas pastillas y termina en Xanadú con Olivia Newton-John. No sé si pueden encontrarle una relación con mi primer largo, ‘El orfanato’”.
“De jovencito me hice periodista de la radio del Centro Cívico de mi pueblo, y con ese carnet iba al Festival de Sitges. Ahí conocí a Guillermo del Toro. Cuando él fue a España a filmar, yo estaba en la Escuela de Cine, y varios estudiantes participábamos en sus filmaciones. El vio mis cortos, y me alentó a pasar al largo”.
“No me gusta el cine de Hanecke, donde la vida es una porquería, ni el de Hollywood, demasiado ingenuo. Me pongo en el medio, como Spielberg, con quien tenemos una sensibilidad muy parecida, y una manera muy similar de entender el mundo. La oscuridad no me interesa. Me interesa mí oscuridad, para dar un poco de luz. Y me molesta cierto cinismo de esta época, esa gente que arquea las cejas cuando hablas de valores espirituales”.
“El cine va asociado a la maravilla, cómo lo ordinario se convierte en extraordinario, pero lo más importante es lo que sientes, tus pulsaciones, tus emociones, los temores o respuestas que encuentras en ti mismo viendo una historia. Tiene gracia, que a través de la mentira de una película puedas entender la realidad, pero es así”.
“Es mucho más interesante lo que te dice la película, y no lo que el director puede decirte sobre su película. Los directores decimos muchas tonterías”.

