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Lo bueno de un plan B

La originalidad, en cualquier tipo de historia, es un ingrediente raro en el cine, y mucho más si se trata de una historia de amor. La historia que nos ocupa sigue el devenir de Leonard Kraditor, un joven con evidentes problemas depresivos, que ha vuelto a vivir con sus padres después de un desengaño amoroso y sendos intentos de suicidio. Sus progenitores, preocupados, combinan un futuro negocio con la posibilidad de emparejar a su díscolo vástago, y así entra en escena Sandra, una muchacha dulce que queda prendada del singular Leonard. Pero éste conoce a Michelle, una hermosa vecina de la que se enamora. La chica también carga con sus propias cuitas: es amante de un abogado casado, tiene un pasado ligado al abuso de drogas y carga una inseguridad digna de mejor causa. Entre idas y venidas se va desarrollando la trama, cuyo desenlace deja en claro que siempre es bueno tener un plan B.
H.M.


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