En el país, la epidemia de dengue es la punta del iceberg de una situación que indica el aumento de la pobreza, la falta de un Sistema Nacional de Salud que priorice la prevención y la «inequidad» en la redistribución del ingreso. Quince millones de argentinos sin acceso a los cuidados mínimos. Lamentablemente, no nos sorprende que tengamos una epidemia de dengue; los principales indicadores de salud hablan por sí mismos. Los motivos son sencillos: no sólo las cifras no son confiables, sino que existe un recrudecimiento de enfermedades emergentes y reemergentes que deberían estar erradicadas. Miles de compatriotas mueren por causas totalmente evitables con medidas sencillas, como tener agua potable, alimentación adecuada, una vacuna o una consulta médica. Parece que el dinero de la soja nunca llegó para combatir la pobreza y la enfermedad.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La definición de la ministra «el dengue vino para quedarse», si bien muestra un rasgo de sinceridad, debería haberla completado diciendo «porque no hicimos bien las cosas».
Fallas
El Ministerio de Salud nacional, como las autoridades provinciales y locales fallaron.
La realidad es que las cifras oficiales indican unos 14.500 casos notificados, pero hay que contabilizar entre 3 y 5 veces más estas cifras. Habría unos 40.000 infectados a causa de la enfermedad que, de haberse tomado medidas a tiempo, se hubiese amortiguado el impacto.
La realidad es que «la batalla de este año está perdida», y seguramente asistimos a la epidemia más importante de la historia del dengue en nuestro país y la segunda en importancia después de la fiebre amarilla de 1871. Inclusive, tenemos dengue autóctono en vastas regiones del país, incluyendo el área metropolitana y la Ciudad de Buenos Aires.
Datos
¿Qué es lo que se oculta detrás del dengue? Todos los días la muerte de 25 niños menores de un año, 30 menores de 5 años, por diarreas o enfermedades respiratorias, una madre por día por falta de control de su embarazo, el 60% son muertes evitables cuya prevención no necesita de enormes recursos. Aumentaron las enfermedades infecciosas asociadas a la pobreza e indigencia: todos los días mueren dos argentinos de tuberculosis, tres de sida. Se incrementaron los casos de enfermedades transmisibles como leptospirosis, hantavirus, leishmaniasis, paludismo, lepra, fiebre hemorrágica, coqueluche, hepatitis, neumonías, sífilis, etcétera. A esto deben sumarse los 3 millones de chagásicos...
El 16% de los niños de nuestro país menores de 5 años tienen anemia por deficiencias nutricionales.
En esta aciaga realidad que vivimos los argentinos, es tiempo de que las autoridades tomen nota y se dignen a hacer algo serio para evitar la enfermedad y la muerte en este mapa sanitario del Medioevo.
(*) Médico sanitarista; ex subsecretario de Salud GCBA.
Dejá tu comentario