14 de agosto 2015 - 00:00

Londres: “porno en el closet” de personas fallecidas

Ursula Andress en la “Playboy” italiana de 1981: tienda inglesa busca tesoros y borra evidencias.
Ursula Andress en la “Playboy” italiana de 1981: tienda inglesa busca tesoros y borra evidencias.
Londres - Antes de Internet, la gente compraba revistas pornográficas y las escondía. Al morir, sus allegados las descubren y no saben qué hacer. Un empresario londinense halló la solución: "We buy any porn" ("Compramos cualquier porno"), ofrece comprar las revistas en buenas condiciones y eliminar discretamente aquello que no sirva, como los viejos videos de sistemas en desuso, como Beta o 2000.

"Tenemos nuestra propia máquina para una destrucción discreta" y "somos rápidos y eficaces. Trabajamos discretamente", promete la empresa en su página web. Dave, de 55 años, que no quiso que se difundiera su apellido, es el propietario de "We buy any porn". Hace 40 años que se dedica a la venta de este tipo de material, y tiene una librería erótica en el barrio londinense de Islington, "Ram Books", donde acaba todo el material que rescata de las casas.

La librería es una joya del género. En sus estanterías se encuentran números históricos de revistas legendarias con modelos como Brigitte Bardot, Ursula Andress o Raquel Welch, además de publicaciones de porno duro. "Dado que una cierta generación de hombres llega al final de sus vidas ahora, solemos encontrar revistas de los años 70 y 80, revistas clásicas como Playboy, Penthouse o Mayfair", dijo el empresario. La idea de acudir a domicilio a rescatar colecciones surgió "para obtener más revistas para Ram Books, pero tan pronto como empezamos nos dimos cuenta de que existía la necesidad de deshacerse de las revistas de los familiares".

Dave está muy satisfecho con el éxito de "We buy any porn" en los 9 meses que lleva funcionando, y ha encontrado auténticas joyas. "Es incalculable la cantidad de porno escondido en buhardillas, en casetas de jardín, bajo las camas, hay porno por todas partes, y sus propietarios son gente insospechable", agregó. Entre las historias que más lo sorprendieron está la del cura que requirió sus servicios. "Me llamó un cura, en la costa sur. En su parroquia había algunas casas que habían cedido a personas ancianas. En una de ellas vivía un señor que murió y dejó centenares de revistas", narró. "El cura me llamó y me dijo si podía acercarme. Me las llevé, le pagué un buen dinero, y el dinero fue para pagar el funeral del señor", concluyó.

Otro cliente recurrió a Dave cuando murió su padre. "Al morir el hombre, la hermana de este cliente hacía la limpieza en la casa y descubrió una impresionante colección de porno. Le dio mucha vergüenza y pensó que a la madre la decepcionaría enterarse".

Dave
cree que la gente no tira las revistas a la basura por temor a que los vecinos, los niños que pasan por la calle o el basurero las encuentren. Además, "si alguien tiene mil revistas, ¿cómo se deshace de ellas?", se preguntó. Dave sabe que en 30 años será difícil hallar nuevos "tesoros", por culpa de Internet. "Cuando eras niño, te sentías muy afortunado si llegabas a ver una Playboy o una Mayfair. Hoy en día, en un segundo puedes ver en tu telefóno la pornografía más dura", dijo, mencionando el caso de un periodista de 22 años que fue a entrevistarlo, y que nunca antes había visto una revista del género. "Eso ha acabado con el misterio, la sorpresa, el glamour", lamentó con nostalgia.

Dejá tu comentario