Muchas veces comentamos que el mercado puede ser visto desde distintas dimensiones de las que obtenemos resultados parciales que, con suerte, nos permiten armar un escenario general "realista". Por ejemplo, la visión sobre la plaza bursátil porteña es diferente según se trate de un inversor extranjero o uno local. Mientras el local puede argüir que por el lado de los precios éste ha sido un buen año, con el Merval avanzando el 34,18% al último cierre y el Índice General de la Bolsa poco más del 16% (ligeramente más si consideramos que el blue pierde el 1,45% en el año, o menos si miramos el 6,6% de devaluación oficial), el extranjero señalará que para él la suba fue de un mucho más acotado el 2,3% (si bien los ADRs treparon ayer un 1,11%, desde la cláusula "Pari Passu pierden 12%, en tanto el Merval trepó 350% y el blue 194%; desde el default del año pasado caen 17%, el Merval trepa 30% y el blue 13%). Esto es el reflejo de las restricciones impuestas a los inversores foráneos que los obliga a invertir básicamente en ADRs si quieren comprar riesgo argentino, pero que también cierran la posibilidad de inversión de los argentinos únicamente al mercado local, creando dos mercados extremadamente segregados en el cual el "riesgo no circula". Aparecen entonces dos miradas a partir de las cuales se arman conclusiones generales, no sólo sobre el mercado, sino sobre el devenir del país. Mientras el residente está convencido que el extranjero "se muere" por invertir en el país y que bastará un cambio de figuritas para que ésto ocurra, el otro está, cada día que pasa, más convencido que la relación riesgo/retorno argentina "no da". Éste no es un caso del "vaso medio vacío o medio lleno", éste es un caso del costo que tiene para el país el estar segregado de los mercados mundiales. La solución es sencilla, levantar las restricciones que pesan sobre los inversores pero, por sobre todo, educar a los inversores, de uno y otro lado de la frontera para que sepan mirar la realidad.
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