29 de marzo 2010 - 00:00

Los años mejoran a “La Bella y la Bestia”

Magali Sánchez Alleno y Martín Ruiz son ahora los protagonistas de la nueva versión de un musical que excede, por propios méritos, al film en que se inspira.
Magali Sánchez Alleno y Martín Ruiz son ahora los protagonistas de la nueva versión de un musical que excede, por propios méritos, al film en que se inspira.
La seducción de este musical, que debutó en Broadway en 1994 y tuvo su versión porteña en 1998, lejos de disminuir con el tiempo parece haberse acrecentado. «La Bella y la Bestia» es fiel a la película de Disney de 1991 e incluye las canciones originales de Alan Menken, Howard Ashman y Tim Rice. Pero, no se trata de un producto subsidiario de aquel film, sino de un espectáculo de luminosa teatralidad.

Su intriga nunca decae y cuenta con un impecable entramado de escenas con abundantes gags, réplicas ingeniosas y conflictos subyacentes. Todos los números musicales están al servicio de la acción, ya que cada coreografía y movimiento escénico han sido diseñados para realzar las conductas y estados de ánimo de los personajes y también para acentuar su efecto cómico. Algunos cuadros -como el de la taberna y el desfile de objetos encantados que da marco al tema «Be Our Guest» («Sea bienvenido»)- además de cumplir dicha función rinden homenaje a la comedia musical.

Detrás del humor y la fantasía de este voluptuoso y conmovedor cuento de hadas asoma un antiguo mito de iniciación sexual en el que los impulsos eróticos son encauzados a través del cortejo amoroso. Sobre estos y otros peligros advertía la narración original, cuya versión más difundida fue publicada en Francia a mediados del siglo XVIII.

El libro de Linda Woolverton (guionista de «Rey León» y del último film de Tim Burton «Alicia en el país de las Maravillas») actualizó la antigua leyenda con una fórmula infalible de la comedia romántica del siglo XX: la protagonista odia a su partenaire masculino, pero gracias a una convivencia forzada surge el amor entre ellos. Sin maniqueísmo alguno (los buenos son astutos e irreverentes y los malos tienen su lado torpe e inmaduro) el vínculo entre Bella y el príncipe hechizado avanza entre múltiples peripecias hasta dar por cumplida la premisa anunciada a lo largo del espectáculo: sólo el amor humaniza y redime. Así lo demuestra el proceso de reeducación al que se somete la Bestia con la ayuda de Bella y el empeño de sus adorables criados (transmutados en objetos a causa de la misma maldición).

Magali Sánchez Alleno le aporta picardía y temperamento a esta heroína inteligente, generosa y muy segura de sí misma. Sus escarceos con la Bestia (expresiva labor de Martín Ruiz) resultan muy divertidos y cuando los episodios románticos ganan la escena, lo hacen sin sensiblería y con la dosis justa de sensualidad y emoción. Federico Moore (Gastón) es otro puntal del elenco. Su papel de bravucón narcisista ofrece muchas facetas y junto al mexicano Roger González (Lefou) integra un dúo cómico de gran eficacia.

Carlos Silveyra como Lumière (el voluntarioso consejero de la Bestia convertido en candelabro) y Ricardo Bangueses en el papel de Dindón (el mayordomo con forma de reloj) se destacan como dos extraordinarios comediantes. La mejor voz del elenco es la de Florencia Otero, quien doce años atrás hizo el papel de Bella y ahora interpreta a la señora Potts. No obstante el resto de la compañía también exhibe una buena preparación vocal y todos lucen su talento tanto en las situaciones cómicas como en las más emotivas. «La Bella y la Bestia» es un espectáculo muy completo y en cierto modo atípico; dado que puede interesar a niños, jóvenes y adultos, por igual. Dura 160 minutos.



«La Bella y la Bestia». Libro: L. Woolverton. Mús.: A. Menken. Letra: H. Ashman y Tim Rice. Dir. y Coreóg. Asoc.: J. Dunnley-Wendt. Dir.

Musical: G. Gardelín. Int.: M. Ruiz, M. Sánchez Alleno y otros. Esc.: T. Christensen. Vest.: M. Odam. Ilum.: G. Petitpierre. (Teatro Citi. Ex Ópera).

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