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Los bajistas vuelven a controlar el timón
¿Es posible que mientras Wall Street transpira, la Grecia deflacionaria regrese a los mercados voluntarios de deuda con una emisión monumental al 4,95%? Con un libro de órdenes de 20 mil millones de euros, récord de Guiness para un inversor caratulado como Caa3 por Moody´s (B menos, por los demás). Es posible porque es lo que ocurre. A priori, sí, era un pronóstico descabellado. Con decir que Moody´s tiene al crédito argentino en más alta estima (dos peldaños por encima).
Los "bears" -los bajistas- han vuelto a tomar el timón. Wall Street retornó a la dinámica de enero/febrero. Incluyendo idéntico número escueto de optimistas (28,8%) entre los inversores minoristas. Se recuerda: 2013 cerró en la cima de las cotizaciones y el consenso esperaba el envión del efecto enero. Sin embargo, el tiro salió por la culata y se recibió un duro traspié. Medido por el índice S&P 500, lo que aconteció -hasta comienzos de febrero- fue una "mini" corrección del 5,76% contabilizada desde los máximos. Hoy el S&P acusa una baja del 4%. ¿Resistirá en la zona entre el 5% y el 7% donde perecen la mayoría de los resbalones?
Conste que desde 2011 la Bolsa no sufre una corrección de libro de texto, o sea, una merma que exceda el 10% (y no supere el 20% que delimita la frontera con un mercado "bear"). Merrill Lynch, con el diario del lunes, cantó un pronóstico de zambullida del 15% en el otoño boreal. Es decir, no inmediata, sino en septiembre. Y no prevé el final del ciclo bull (alcista) sino un bache y su posterior recuperación. El gurú Marc Faber es más sombrío: "En los próximos 12 meses veremos un crack peor que el de 1987". Es debatible, pero una cosa es cierta: el día que algo así suceda, Faber lo habrá predicho porque no deja pasar tropezón sin registrar sus malos augurios.
Este es el espíritu del momento, se agrió con las cotizaciones, igual que en enero y febrero. La preocupación ya no es el cielo, sino la resistencia del suelo. Habrá que ver si se la lleva el viento con la misma soltura que en febrero. El fantasma del sell in May marca diferencias. Es la promesa de un paredón, difícil de ignorar.
Lo que se critica de Wall Street es su valuación excesiva. Es una acusación fundada. Pero no es que no se hizo nada. Desde el efecto Dudley, una daga verbal clavada a principios de marzo, los papeles con múltiplos precio/ganancias más elevados cayeron a plomo. La biotecnología ingresó el viernes en su propio mercado bear. Los papeles de internet lo merodean. El NASDAQ retrocedió ya un 8%. La zozobra de los índices principales es más reciente: fue dos viernes atrás que la debacle de las tecnológicas comenzó a prevalecer y a dictar el guión de la película. ¿Deberían ajustar sólo los activos que están excedidos y librarse los que están baratos? Emergentes encontró la posibilidad de rebotar con fuerza basado en esa premisa. Y hasta ahora también halla el resquicio para zafar de la paliza. Pero, para bien o para mal, la norma es que, a la postre, Wall Street define. De allí la inquietud creciente. A decir verdad no hay grandes focos de estrés independientes fuera de las acciones estadounidenses. Grecia dio una pista. El comportamiento de los bonos basura dentro de EE.UU. aporta otra. China es la excepción pero no contagia (Ucrania podría serlo, y tampoco). Se diría que el riesgo mayor es la cercanía de mayo y la posibilidad de que ahuyente a los pescadores de gangas. Al menos hasta que la propia caída de la Bolsa reproduzca la zanahoria de un potencial de suba interesante.


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