22 de marzo 2011 - 00:00

Los bancos, otra vez a la carga

José Siaba Serrate - Economista
José Siaba Serrate - Economista
No conviene pasar la noticia por alto. La Fed culminó la revisión de los planes de capital de las 19 principales compañías holding bancarias de EE.UU. y no encontró motivos para impedir que aumenten los pagos a sus accionistas. O sea, levantó una veda tácita para la distribución de dividendos que, por motivos de prudencia, regía desde febrero de 2009. Recién en abril la Fed comunicará, entidad por entidad, el detalle fino de sus observaciones. Será un proceso confidencial, sin difusión pública de los resultados a nivel de firma, a diferencia de los exámenes de estrés que piloteó en marzo de 2009 como parte de la estrategia de estabilización impulsada con éxito por Tim Geithner, el secretario del Tesoro. Pero un puñado de bancos, se supone que aquellos libres de objeciones, ya movieron el tablero. Trascartón, JP Morgan, Wells Fargo, BB&T, US Bancorp y Goldman Sachs revelaron que reforzarán los flujos de caja en beneficio de sus accionistas. Y hasta Citigroup se sumó ayer a la lista con el modesto aviso de que restablecerá la erogación de dividendos.

Con la decisión oficial se le devuelve flexibilidad a la banca en el manejo de su estructura de capital. Así, JP Morgan quintuplicará su dividendo trimestral llevándolo a 25 centavos por acción. A la par establecerá un nuevo programa de recompra de sus papeles. Rescatará acciones en circulación por 15 mil millones de dólares (8 mil millones en lo que resta del año). Wells Fargo también combinará ambas iniciativas aunque de manera menos agresiva. Sus dividendos treparán de 5 centavos a 12 (y girará un pago especial, por única vez, de 7 centavos). Goldman Sachs, por su parte, se quitará de encima deuda especialmente gravosa: le abonará más de 5.600 millones de dólares a Berkshire Hathaway, la empresa de Warren Buffet, para redimir las acciones preferidas que, en su momento, fueron un salvavidas patrimonial tan oportuno como oneroso. Buffet embolsará la totalidad de su inversión original más una prima del 10% y el dividendo del primer trimestre. La transacción obligará a Goldman a castigar sus libros con un pequeño quebranto. Pero será Buffet quien lo lamente. Ya avisó que sin la posición en Goldman será más arduo preservar la rentabilidad de su compañía.

Los exámenes de estrés ya no son lo que eran. Como sus resultados son de amplio conocimiento, no pueden sustraerse a un conflicto de intereses. Si quien los toma es juez y también parte -ya que debe velar por la estabilidad financiera-, no cabe esperar nunca el oprobio de una reprobación en masa. No obstante, las pruebas de estrés (de marzo de 2009) gestaron la rehabilitación de la confianza bancaria tras la zozobra que provocó Lehman Brothers. Sin ese golpe de timón no se hubiera podido construir ni el rally de Wall Street -que se lanzó a la par- ni la recuperación de la economía de los EE.UU. (que, tres meses más tarde, enterraría la recesión). Es verdad que la experiencia europea de julio pasado les carcomió el prestigio. La banca irlandesa, que obtuvo un certificado de solvencia intachable, pocos meses más tarde se probó en bancarrota. Los exámenes habían vaticinado la necesidad de inyectar apenas 3.500 millones de euros en todo el sistema financiero europeo en caso de una crisis gravísima. Tal crisis no ocurrió y sin embargo hubo que destinar diez veces esa cifra sólo para atender las penurias de

las instituciones irlandesas. ¿Cómo tomar en serio estas evaluaciones? Las pruebas estadounidenses fueron muy superiores. No es casual que resistieran el paso del tiempo. En EE.UU. alentaron una robusta capitalización de la banca; en la eurozona su finalidad fue la opuesta, mostrar la existencia de una seudocapitalización de utilería y evitar el trago amargo de requerir nuevos aportes, ya sean públicos o privados. No se trató de una maniobra sutil, se alertó aquí de esa intención mucho antes de que se hundiera Irlanda.

¿Será que EE.UU. no cede ahora a la misma tentación? El «lobby» bancario no es desdeñable. Y existe una contraofensiva republicana que pretende dar marcha atrás hasta con la reforma financiera Dodd-Frank. ¿No se le hace el juego permitiendo que los bancos devuelvan capital y se apalanquen más? La preocupación es comprensible, pero no hay elementos de juicio que la corroboren. Después de todo, entre fines de 2008 y 2010, las 19 entidades examinadas incrementaron su capital ordinario en más de 300 mil millones de dólares. Su ratio tier 1 trepó del 5,4% a un holgado 9,4%. Operaciones como la de Goldman Sachs tenderán a reforzar su patrimonio y no a debilitarlo, sacando provecho de las mejores condiciones financieras hoy disponibles. Pero además la Fed tuvo en cuenta las exigencias crecientes de capitales mínimos que suponen los dos nuevos corpus regulatorios, la ley Dodd Frank y Basilea III. Por último, todos los planes de acción son condicionales. Pueden cancelarse si la situación así lo amerita. Como signo de prudencia, no se espera que los bancos destinen al pago de dividendos en 2011 más del 30% de sus ganancias normalizadas.

Para los inversores, sin embargo, las señales son muy potentes. Por empezar, la venia de la Fed presupone -después de dos años en el congelador- un fuerte voto de confianza general sobre la banca, que no ignora la vigencia de otros males ocultos (por ejemplo, los pasivos por ejecuciones hipotecarias mal realizadas) siempre difíciles de estimar para el profano. Si los bancos tienen capital en exceso podrán aprovechar mejor las oportunidades a su alcance (incluyendo el crecimiento orgánico, el aumento de la cartera activa y la percepción de los generosos márgenes actuales de intermediación). Vale tener presente que un rally en las Bolsas es posible sin la participación de la banca, pero necesita contar con ella para ser creíble. Y aquí hay un guiño indudablemente valioso (aunque las acciones de los bancos todavía respondan con timidez).

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