2 de julio 2009 - 00:00

Los carteles ponen en la mira hasta a la Iglesia

Jacume - Narcotraficantes en México comenzaron a atacar a clérigos que denunciaron la violencia vinculada al tráfico de drogas, rompiendo reglas no escritas y códigos de honor en el segundo país con más católicos del mundo.

En medio de una brutal guerra entre narcos y el Gobierno, milicianos mataron a principios de junio a un sacerdote católico y a dos seminaristas cuando salían de una iglesia en el sur de México.

Cerca de 1.000 purpurados enfrentan amenazas constantes de carteles de la droga en todo el país y por lo menos 400 recibieron advertencias directas para que frenen sus críticas o serán asesinados, de acuerdo con la Conferencia Episcopal de México.

«Me amenazaron con quemarme vivo, con todo y familia», dijo el pastor evangélico Bartolomé García, quien tuvo que abandonar el año pasado la aldea donde trabajaba en Tijuana, fronteriza con Estados Unidos. «No les gusta que prediques algunas cosas en su contra», agregó el pastor, quien ofrece la misa a granjeros y a ancianos en la semiabandonada villa de Jácume, a pocos metros de la valla que separa ambos países.

Unas 12.500 personas perdieron la vida en México a causa de la guerra de tres frentes entre carteles rivales y las fuerzas de seguridad de México desde que el presidente Felipe Calderón tomó el poder en diciembre de 2006 (ver aparte).

El grotesco rastro de cuerpos mutilados y decapitados, así como de personas secuestradas, se extiende desde la costa mexicana del Caribe hasta su desértica frontera con EE.UU. y se ha convertido en una preocupación importante para inversionistas y la Casa Blanca.

Niños

Desde que el hombre más buscado de México, Joaquín «El Chapo» Guzmán, escapó en 2001 de prisión y declaró una sangrienta guerra a capos rivales, el enfrentamiento se ha vuelto tan horrendo que los sicarios de los narcos dejaron de lado reglas de honor e incluso asesinaron a niños. Estos recurrentes ataques son llamativos por la cercanía de los traficanes a la religión, muchos de los cuales tatúan su cuerpo con símbolos católicos o la Virgen de Guadalupe.

Los mexicanos temen cada vez más a los carteles, fuertemente armados, y la Iglesia Católica así como varias iglesias evangélicas son de las pocas que siguen alzando la voz contra la violencia, especialmente en las áreas rurales donde el Gobierno mexicano tiene poco control.

El arzobispo del norteño estado de Durango levantó una polvareda mediática en abril cuando dijo que «todo el mundo», excepto el Gobierno, sabía que El Chapo vivía en ese estado. «La labor de la Iglesia en el campo la pone en conflicto directo con los carteles, quienes no quieren testigos, menos los sacerdotes, de lo que están haciendo», indicó Víctor Sánchez, un experto en seguridad del Colegio de la Frontera Norte, un instituto de investigación en Tijuana.

Las iglesias parecen dispuestas a enfrentar el peligro para ganar fieles a medida que pierden terreno ante el secularismo u otros cultos.

«Nosotros no podemos negar los sacramentos a nadie, indistintamente de que se trate de una persona que tiene relación con actividades ilícitas», dijo el arzobispo de Tijuana, Rafael Romo.

Pero grupos de derechos humanos argumentan que sacerdotes católicos se arriesgan a sucumbir a la tentación en áreas remotas donde los carteles tienen el control y donde son forzados a punta de pistola a bautizar a los hijos de narcotraficantes o a celebrar bodas.

A algunos se los acusa de recibir dinero de los narcotraficantes para pagar reparaciones de los templos, construir capillas y financiar proyectos locales.

En el estado natal de El Chapo, Sinaloa, en la costa del Pacífico, grupos de DD.HH. dicen que los curas son complacientes y no averiguan de dónde vienen las limosnas, algo que la Iglesia niega.

«En muchas zonas rurales los capos les dan servicios básicos, les construyen y les mantienen capillas porque las comunidades lo piden. Pero eso no es algo sancionado por la Iglesia Católica y ningún sacerdote les acepta dinero», dijo Manuel Corral, de la Conferencia Episcopal.

Agencia Reuters

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