21 de septiembre 2009 - 00:00

Los Castro resignan hasta sus vacas sagradas

 La Habana - Raúl Castro pretende retirar a los cubanos el estatus de becarios del Estado reduciendo el menú de subsidios sociales y gratuidades que, décadas atrás, el régimen presentaba como éxitos del socialismo isleño. Este severo recorte social se debe a que el Presidente ha decidido priorizar el realismo económico aun a costa de abandonar el paternalismo de su hermano Fidel. Un cambio significativo para un país donde durante décadas la economía ha estado subordinada a la voluntad política y donde se han llevado a cabo proyectos sociales con costos mayores a las ganancias productivas del país.

Raúl, que anunció en agosto ante el Parlamento la poda de subsidios, explicó entonces que «los gastos en la esfera social deben estar en consonancia con las posibilidades reales y ello impone suprimir aquello de lo que es posible prescindir». El jefe de Estado advirtió que las nuevas medidas afectarán «actividades beneficiosas y loables» por el hecho de que «simplemente no están al alcance de la economía» del país.

Palabras que han impresionado a muchos cubanos, tradicionalmente poco acostumbrados a la rudeza de las reglas económicas. Lo que más ha asustado a la gente es la previsible extinción de la cartilla de la canasta de productos básicos.

El Estado cubano anualmente importa alimentos por valor de 1.350 millones de euros; unos 1.100 millones son destinados al abastecimiento de la citada cartilla, que mensualmente permite a las familias adquirir una determinada cuota de alimentos pagados a precios subvencionados. El salario promedio en la isla es de unos 21 euros y una familia de cuatro personas gasta como máximo unos 3 euros al mes en adquirir los alimentos de la cesta más básica.

Según Raúl Castro, una de las razones para eliminar gastos «insostenibles» es que, además de poco eficaces, los subsidios provocan que «algunos no sientan la necesidad de trabajar». Así, esta popular cartilla es ahora acusada de promover la pereza, ya que permite a los cubanos sin trabajo costearse los alimentos básicos sin gran esfuerzo. Su posible supresión ha levantado polémica entre los lectores del diario Granma. Uno de ellos, L. Pérez Sánchez, aprobaba la idea de sostener la cartilla «sólo para casos sociales que lo necesiten», pero advertía que, cuando todos los cubanos tengan que comprar alimentos en el mercado no subvencionado, «las cosas se van a poner muy serias». Otro lector, A. Porrata, argumentaba que antes de suprimir la citada cartilla hay que eliminar el fenómeno de las dos monedas y también incrementar la producción de alimentos y desarrollar su eficaz comercialización.

Así que el tijeretazo a los gastos sociales amenaza con derrumbar el más veterano ícono del igualitarismo, la libreta de abastecimiento, como la llaman en la isla, que fue instaurada en marzo de 1962.

Sin embargo, entre los precios subsidiados también se encuentran la telefonía, el gas, el agua, el transporte público, la electricidad, los cines, los teatros y los acontecimientos deportivos. El cierre del grifo del despilfarro también llegará a los comedores de los centros laborales que no resulten económicamente rentables.

El Estado se limitará a financiar lo que establece la Constitución: educación y salud. Pero también en estos dos sectores emblemáticos de la Revolución se eliminarán gastos insostenibles. Por ejemplo, en el recién inaugurado curso escolar se ha reducido la cifra de alumnos internos. Un ahorro significativo en comida, transporte, electricidad o uniformes.

Las tijeras del realismo económico también han comenzado a recortar las cifras de graduados universitarios. «¿Quién atenderá la tierra? ¿Quién trabajará en fábricas y talleres?», preguntó Raúl Castro, en otro viraje significativo. Décadas atrás, la prensa siempre destacaba artistas, deportistas, políticos o militares. Ahora campesinos y obreros, con eficiencia productiva son las nuevas estrellas.

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