30 de abril 2013 - 00:00

Los desafíos en mayo para Bolsas

Mario Draghi
Mario Draghi
El rally de noviembre todavía tiene piernas; también partidarios. Ralo en argumentos, los tuvo, pero los fue perdiendo en su ascenso, preserva la voluntad. Wall Street culmina abril abriéndose paso a nuevas cumbres. En paralelo, el cansancio de Main Street es evidente: la economía se enfrió a partir de marzo y, si se mira bien, el resurgir brioso de la actividad real -después de la abulia del cuarto trimestre- fue un asunto de enero y febrero, nada más. La Bolsa lleva seis meses consecutivos de alza, y el Dow Jones embolsó en sus alforjas un avance del 19%. Las ganancias por acción de las compañías, el último año, habrán aumentado, con suerte, el 2%. Los ingresos de las empresas, la restricción que hoy limita las posibilidades de expandir la rentabilidad, poco más del 3%. Wall Street va muy deprisa. Si da zancadas así, tampoco le pidan a la economía que le proteja las espaldas: el PBI nominal de los EE.UU. creció apenas el 3,7% el último año a marzo.

Un rally tan estacional -tanto que ignoró el lanzamiento del QE3 en septiembre y recién levó anclas en noviembre bajo la invocación de la Acción de Gracias - debería sucumbir al influjo del calendario. La maldición de mayo -el famoso "sell in May"- es una sentencia difícil de ignorar.

Y, por cierto, que se le presta atención. La embestida de Wall Street ya no es lo que era: ya no remeda la corrida de San Fermín. No hay una manada de "bulls", de "toros" que desborden de optimismo como a principios de año cuando se esquivó el abismo fiscal. Menos del 30% de los inversores minoristas confía en la suba (muy por debajo de la media histórica del 39% y, sobre todo, de los picos que suelen asociarse al quiebre de récords).

La exposición de los administradores de cartera profesionales es del 70% de su portafolio, en línea con los guarismos promedio, pero por debajo también de la euforia de fines de enero (cuando el nivel era del 104% y la encuesta, sorprendentemente, no registraba "vendidos"). La ofensiva de la Bolsa es una carga de caballería ligera, no el paso arrollador de los toros (ni, mucho menos, de los fundamentos, que marchan a contramano). Se vio en abril: fue ágil para retroceder cuando tuvo que hacerlo, y rápida para reagruparse y volver al ataque.

Las malas noticias económicas no le hicieron mella. Quizás el temor de ver cortar el vuelo del oro puso algunas barbas a remojar. Pero no hubo coletazos. Las minutas de la Fed, que por primera vez expusieron la intención de comenzar a replegar el QE3, no asustaron a nadie.

Si la economía cayó en un bache, y si la política fiscal ajusta a destiempo, la Fed no querrá sumar riesgos de su propia cosecha. Y hasta podría tener que ampliar el volumen de las compras de bonos (James Bullard, de la Fed de St. Louis, dixit) si la inflación no levanta cabeza (conocidos el viernes los datos del primer trimestre, se sabe que el indicador clave, el deflactor núcleo del gasto de consumo, se redujo un poco más).

¿Qué torna tan desafiante a la Bolsa? La noción de que las malas noticias son buenas noticias. La Fed está de su lado. El Banco de Japón lanzó el QQE, una adición nada despreciable a la causa, si bien obra por vía indirecta; desde el 4 de abril, cuando se conoció el plan de duplicar la base monetaria, los rendimientos de la renta fija cayeron a plomo en los mercados más diversos. Y para quienes desesperan por la ausencia de rindes, la Bolsa es el "prestamista" de última instancia. Y tal vez, se sabrá este jueves, el BCE pueda sumar otra contribución. No es tanto la baja de tasas cortas y su mensaje simbólico. La incógnita de peso es si habrá novedades en la faena de lidiar con el "credit crunch" que atenaza a la periferia de la eurozona. Mario Draghi ya mentó el problema, pero no trajo una solución. Y hasta la canciller Merkel, que -hablando para la tribuna- sugirió la conveniencia para Alemania de una suba de tasas, admitió que la política monetaria debía hacer mucho más.

La Bolsa ignora la mala salud de la economía. Éste es el cuarto bache primaveral consecutivo en EE.UU. y en los tres anteriores, las cotizaciones corrigieron con fuerza. Para peor, es el primer enfriamiento que tiene detrás un ajuste fiscal de magnitud. Y riñe con el calendario. Mayo, históricamente, marca el inicio de los peores "seis meses" del año para el Dow Jones y el S&P500. Los tres últimos años pasó factura (muy gravosas en 2010 y 2012). Lo hace a caballo de una liquidez que obliga a renunciar a todo rendimiento (o casi todo) a quien quiera darse el lujo de la seguridad. Es una guerra de nervios que sólo tiene premios para los más pacientes.

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